Hace 150 millones de años el Atlántico no era el océano que es ahora, sino un
mar poco profundo que varias especies no marinas lograron atravesar. Eso indican
los fósiles de esa época que, perteneciendo a la misma especie, se han hallado
en América y Europa. Uno de tales fósiles euroamericanos acaba de ser
presentado ahora a la comunidad científica: un estegosaurio desenterrado en
Portugal por paleontólogos españoles y portugueses. "Es una especie típica en
América, uno de los dinosaurios icono, de los que aparecen en las
películas. Y es la primera vez que se encuentra en Europa", señala el primer
autor de la investigación Fernando Escaso (Universidad Autónoma de Madrid).
Una peculiaridad del trabajo, publicado en la revista
Naturwissenschaften (versión electrónica), es que los
paleontólogos se hacen acompañar esta vez por expertos en geofísica, que aportan
pruebas de que efectivamente debió de existir, "con muy alta probabilidad, un
corredor episódico" entre las masas de tierra ibéricas y el hoy continente
americano. "El descubrimiento del Stegosaurus portugués y las evidencias
de la geotectónica favorecen un escenario que incluye contactos episódicos de
fauna entre las masas de tierra del Atlántico Norte" hace entre 148 y 153
millones de años (en el Jurásico superior), escriben los autores.
Hasta ahora se había encontrado a ambos lados del Atlántico varios
dinosaurios, cocodrilos, aves y plantas emparentadas, pero "los investigadores
se limitaban a presentar el hallazgo y decir que eso debía de indicar la
presencia de un corredor en el Atlántico que se abría", dice Escaso. También
había habido varios anuncios de dinosaurios estegosaurianos en Europa, que más
tarde se rechazaron.
Los fósiles ahora hallados en Portugal pertenecen a la especie Stegosaurus
ungulatus y constituyen la "primera evidencia incontestable de un miembro
del género Stegosaurus fuera de América del Norte", según los
científicos.
El estegosaurio fue un dinosaurio herbívoro, con la columna vertebral
ribeteada de unas placas puntiagudas que lo han hecho famoso. El ejemplar
hallado en el yacimiento de Casal Novo (Batalha), medía cerca de cinco metros y
era, por tanto, pequeño para la especie. Fue hallado en 1999, mientras se hacía
una obra en un camino; la zona es rica en fósiles de dinosaurios y un aficionado
alertó al Museo de Lisboa tras encontrar un diente.
A falta de desenterrar parte de los restos, los investigadores tienen ya
parte de la columna vertebral, varias placas dorsales, varios huesos -entre
ellos una tibia- y un diente, que constituye el primer fósil del cráneo de uno
de estos animales hallado en Europa. "No tenemos mucho, pero lo que tenemos es
lo fundamental para identificar la especie", señala Escaso. Este investigador
espera que el trabajo tenga cierta repercusión en la comunidad, tanto por la
especie y su localización geográfica como por las evidencias geotectónicas
aportadas. Éstas se basan sobre todo en muestras de rocas, que revelan que
mientras el océano se abría debieron de formarse en varias ocasiones cordilleras
montañosas submarinas que llegaron a emerger, formando islas. Todo quedó luego
sumergido una vez que el océano acabó de abrirse.
Además, el estegosaurio portugués desmiente la tesis de que en el Jurásico
superior la fauna de Iberia era distinta del resto de las islas que
componían Europa. "Por entonces Europa era como un gran archipiélago; se discute
si estas tierras tenían un tipo de fauna muy distinta entre sí. Parece que no
fue así", dice Escaso.