La nanotecnología -la ciencia que permite manipular la materia al nivel del
átomo- mejorará nuestra calidad de vida a medio plazo. Según un estudio, su
aplicación a la industria, especialmente en la electrónica, los transportes o la
sanidad será en la próxima década el motor de la próxima revolución industrial.
Neumáticos más resistentes a la abrasión, medios de locomoción propulsados por
energías limpias o pruebas diagnósticas hospitalarias que permitirán detectar
patologías desde sus comienzos son algunas de estas aplicaciones, que serán
visibles antes de 2020.
Según el estudio, efectuado por la Fundación OPTI (Observatorio de
Prospectiva Tecnológica Industrial), la nanotecnología aplicada al transporte
permitirá el uso de vehículos con menor peso, ya que la aleación de materiales
empleados para su fabricación serán más ligeros, especialmente en chasis y
carrocería. Prevista para 2015, permitirá reducir el peso de automóviles y
aviones en un 30%.
En la energía y el medio ambiente, los nanomateriales resultan cruciales en
la implementación de las pilas de combustible y en el control de la captura y
liberación de hidrógeno.
En la diagnosis de enfermedades, la nanobiotecnología permitirá detectar
patologías como el cáncer y enfermedades cardiovasculares o neurológicas en su
estado más inicial. También regulará la toma de medicamentos mediante la
administración continuada e inteligente de las dosis.
El estudio destaca también la aplicacián de esta tecnología en sectores como
la construcción, la cerámica, el textil o los envases de alimentos. En el
primero de estos campos, los nanoaditivos permitirán cementos con propiedades
autolimpiantes, antimicrobianas y descontaminantes y nanomateriales avanzados
nos protegerán contra incendios y responderán a estímulos como la temperatura,
la humedad o la tensión para ofrecer mayor confort. Los nanosensores controlarán
la seguridad y el buen estado de las estructuras.
Las cerámicas incorporarán funciones antideslizantes, autolimpiables,
antirrayado, antimicrobianas o efectos térmicos.
En el sector textil están previstas fibras más ligeras pero con gran
aislamiento térmico, más resistentes al desgaste, a la suciedad, al agua o a las
radiaciones ultravioletas.
Por último, en el sector del envasado, se conseguirán envases activos que
conservarán el producto e informarán al consumidor sobre su estado.