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Anfibios

Anfibios

Los anfibios son vertebrados que se distinguen porque viven en agua y tierra. De hecho, la palabra anfibio significa doble vida (amphi es doble y bios, vida). Es por esto, que su fisiología tiene semejanzas con la de peces y reptiles. Viven sobre todo en aguas límnicas -ríos, esteros, lagos- o en lugares húmedos, unos pocos se encuentran en aguas salobres (salares), pero ninguno es marino. Son comunes en las regiones templadas y húmedas, aunque la mayoría son tropicales.

Anfibios. Lamina Icarito Sus órganos de los sentidos pueden funcionar en el agua y fuera de ella. En cuanto a sus características, con frecuencia sus ojos tienen párpados móviles; la mayoría de las especies tiene una lengua viscosa, con la que capturan sus presas. Los anfibios tienen finos dientes en la mandíbula superior y en el paladar. Los dientes están fijos a los huesos y se reemplazan continuamente de manera alternada.

Su piel es lisa, sin escamas, plumas o pelo. Es vital para la respiración, ya que complementa la función de los pulmones. Su gran cantidad de vasos sanguíneos le permiten absorber oxígeno. Es por esto que en un ambiente seco la piel podría secarse, provocando la asfixia del animal. Para evitar esta situación, está provista de glándulas cutáneas que segregan sustancias para mantener siempre húmeda su superficie.

Otra razón por la que deben evitar las temperaturas extremas y la sequedad es que, al igual que los reptiles, los anfibios son poiquilotermos. Es decir, que su temperatura varía de acuerdo con la temperatura ambiente. Si sube, empiezan a perder agua a través de la piel. Tienen cuatro patas -que utilizan para nadar, caminar o saltar-, con cinco, cuatro o menos dedos. En las patas posteriores tienen membranas interdigitales -ubicadas entre los dedos-, que son pequeñas en las especies terrestres y anchas en las acuáticas. Los anfibios son carnívoros y devoran a sus presas sin masticarlas. Se alimentan de insectos y de otros invertebrados (crustáceos, moluscos). Las especies acuáticas grandes también comen pequeños peces, aves o mamíferos e individuos de su especie o de otra.

Los anfibios tienen pulmones para captar el oxígeno del aire y dos fosas nasales, comunicadas con la cavidad bucal y provistas de válvulas para impedir la entrada del agua. En las especies acuáticas, los pulmones, además de su función respiratoria, sirven de órganos hidrostáticos. Esto quiere decir que se inflan para permitir que el animal flote. Ya dijimos que la piel contribuye al trabajo de los pulmones en la respiración. Pero cuando estos no existen o no se han desarrollado, como en las larvas, utilizan branquias, semejantes a las de los peces. La mayoría de los embriones y larvas tienen tres pares de branquias externas. Además, muchas especies tienen respiración bucofaríngea. Es decir, que las pulsaciones de su garganta hacen entrar y salir el aire de la cavidad bucal, en especial a temperaturas elevadas.

Son ovíparos y por lo general la fecundación es externa: el macho fecunda los óvulos después de que la hembra los ha puesto, en la mayoría de los casos en el agua. Cada especie tiene un lugar de reproducción característico que puede ser un lago, un estanque tranquilo, un río, una charca temporal o tierra firme. Los huevos de los anfibios están cubiertos por una o más membranas gelatinosas que los protegen de los golpes, de organismos patógenos y depredadores. Esta cinta de gelatina es colocada bajo el agua o adherida a tallos de plantas u otros objetos, desde donde saldrán las larvas cuando hayan madurado. La forma de esta masa y la cantidad de huevos que contiene varía de acuerdo con la especie de la que se trate.

Los nuevos individuos viven sus primeras etapas de desarrollo mayoritariamente en el agua, como larvas provistas de branquias, hasta que se transforman en adultos (metamorfosis). En este proceso cambian sus funciones respiratorias, circulatorias y digestivas; algunos pierden la colay les aparecen patas.

En el caso de los sapos y las ranas, el apareamiento ocurre principalmente durante la primavera. Los machos de estas especies -únicos anfibios que tienen cuerdas vocales- emiten notas de llamada (croan) para atraer a las hembras. Algunas especies poseen bolsas de resonancia o saco vocal, que son membranas situadas en el cuello sobre la garganta, que se inflan para amplificar los sonidos.

Clasificación. Los anfibios se dividen en cuatro órdenes: anuros, urodelos, ápodos y estegocéfalos.

  1. Anuros. Ranas y Sapos. Se caracterizan principalmente por sus cuatro extremidades, piel lisa o verrugosa y cuerpo corto, ancho y denudo, que jamás tiene cola en la fase adulta; entre las familias más características de anuros citaremos los pelobatidos o sapos con patas cavadoras, los bufos o los sapos verdaderos, los hilidos o ranas arbóreas y los ranidos, que comprenden todas las ranas comunes.

  2. Urodelos. Salamandras y Alfines. Poseen una cola prominente, cuerpo alargado, ordinariamente dos pares de patas y piel viscosa; los jóvenes tienen branquias externas que suelen perder en la madurez; unos pocos como el Nectrum maculosus, tienen branquias persistentes; los pulmonados, pleurodelidos, principalmente acuáticos, suelen exhibirse en los acuarios; los nectorudos son grades salamandras con branquias externas; y los acuáticos, sirenios, o anguilas de fango desprovistas de dientes, poseen una mandíbula córnea.

  3. Ápodos. Anfibios semi-tropicales vermiformes y cavernícolas, poseen diminutas escamas enclavadas en la piel, cabeza y cola romas, esqueleto pequeño, ojos degenerados y vértebras numerosas.

  4. Estegocéfalos. Extintos. Poseían una armadura dérmica considerable, especialmente en la cabeza; su tamaño osciló desde el de una pequeña lagartija hasta un caimán. Se les considera los vertebrados tetrápodos más primitivos que se conocen.

Costumbres. Con pocas excepciones, los anfibios son acuáticos o buscan lugares húmedos; no pueden tolerar el aire seco ni el calor por mucho tiempo. Esto se refleja en sus hábitos nocturnos. Las salamandras y los sapos pasan los meses de invierno enterrados en el lodo en el fondo de un lago o lecho de un río, ocultos en la oquedad de un tronco podrido o entre hojarasca de los bosques. Al comenzar la primavera acuden a los lugares de cría.





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