CABELLERA DE BERENICE (Com)
Berenice era la esposa del rey de Egipto Ptolomeo III Evergetes (el Bienhechor).
Cuando Ptolomeo subió al trono, su primera misión consistió en ir a Siria para
luchar contra el rey Seleuco II y vengar el asesinato de su hermana y de su
sobrino (que era el heredero al trono de esta región de Asia). Combatió
largamente y obtuvo muchas victorias, pero en su ausencia, su esposa Berenice
languidecía y estaba llena de temores por la vida de su esposo. En su
desconsuelo, un día fue al templo de Afrodita y allí juró ante la diosa que
sacrificaría para ella su hermosa cabellera (que era la admiración de todos
cuantos la conocían), en el caso en que Evergetes regresara vivo y vencedor. Así
fue, y el mismo día de su regreso Berenice cumplió su promesa.
Pero por la noche alguien llegó hasta el templo y robó la cabellera. Se rumoreó
que lo hizo un sacerdote del templo de Serapis, dios egipcio, indignado por el
hecho de que la reina hiciera un sacrificio a una deidad griega. La
desesperación de Berenice y el furor de Ptolomeo ante el hecho del hurto fueron
grandes. Pero ante ellos llegó el astrónomo Conón de Samos para calmarlos. Su
ciencia era muy venerada; había escrito siete libros sobre astronomía y todo el
mundo conocía su gran amistad con Arquímedes de Siracusa. Conón mostró a los
reyes una agrupación de estrellas, y les contó que esa agrupación acababa de
aparecer en el firmamento y que sin duda se trataba de la cabellera de Berenice,
que había sido transportada allí por l a diosa Afrodita, a quien se le había
ofrecido. Después, el sabio Conón dibujó una larga melena de estrellas en el
globo celeste del Museo de Alejandría.
El poeta y gramático griego,
Calímaco de Cirene, que había sido bibliotecario durante muchos años,
inmortalizó a la reina Berenice y su magnífica cabellera en una elegía. He aquí
uno de sus fragmentos:
Estaba yo recién cortada y mis hermanas
me lloraban cuando, de pronto, con un rápido batir de alas, el dulce soplo del
céfiro me lleva a través de las nubes del éter y me deposita en el venerable
seno de la divina noche Cypris a fin de que yo, la hermosa melena de Berenice,
apareciese fija en el cielo brillando para los humanos en medio de innumerables
astros. Cypris me colocó, como nueva estrella, en el antiguo coro de los astros.
En esta constelación está el polo norte galáctico,
por lo que hay muy pocas estrellas y varios cúmulos galácticos.

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