Mitología: Estrellas y Planetas

Antonio Herrera

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AURIGA (Aur)

Hefesto (Vulcano) intentó en cierta ocasión violar a Atenea, y aunque ésta lo rechazó eyaculó en su muslo. Atenea se limpió con un puñado de lana y lo arrojó con asco, yendo a caer cerca de Atenas y fecundando a la Gran Madre Tierra que dio a luz a un hijo, pero manifestó que ella no lo criaría. Atenea le dio el nombre de Erictonio y lo cuidó con tanto cariño que muchos pensaron que era realmente su hijo. Erictonio llegó a ser rey de Atenas donde instituyó el culto a Atenea, introdujo el uso de la plata (en un principio la plata era más valiosa que el oro porque era más difícil de refinar, y una de las razones de la preeminencia de Atenas fueron sus minas de plata) y el carro tirado por cuatro caballos, por lo cual la imagen de Erictonio fue puesta en el cielo como la constelación del Auriga.

Auriga Otros cuentan otra historia sobre el Auriga: Teseo formó parte de la expedición de Heracles contra las amazonas, llevándose como botín de guerra a su reina Antíope con la que tuvo un hijo llamado Hipólito. Más tarde, para hacerse aliado del rey cretense Deucalión tuvo que casarse con su hermana Fedra, después de lo cual envió a Hipólito a casa de Piteo, abuelo de Teseo, quien lo aceptó como heredero al trono de Trecén (Villa del Peloponeso en la costa norte de Argólida). Así no había motivo para disputar por el trono de Atenas con los hijos de Fedra. Hipólito erigió un nuevo templo a Ártemis en Trecén y esto ofendió gravemente a Afrodita que se vengó haciendo que su madrastra Fedra se enamorara locamente de él cuando asistió a los Misterios Eleusinos.

Al principio Fedra mantuvo en secreto su pasión pero comía poco y dormía mal, de modo que se debilitó tanto que tuvo que confesar la verdad a su vieja nodriza, que le suplicó que enviara una carta a Hipólito confesando su amor y proponiéndole que tuvieran relaciones en secreto. Hipólito quemó la carta horrorizado y fue a las habitaciones de Fedra gritando reproches, pero Fedra se desgarró la ropa y abrió de par en par las puertas de su cámara gritando: "¡Socorro, me han violado!", y luego se colgó del dintel de la puerta dejando una carta en la que lo acusaba de crímenes horribles.

Teseo lo maldijo y dio la orden de que abandonara Atenas para siempre, pero Hipólito ya había huido a toda velocidad. Al cruzar el istmo, por la parte más estrecha se levantó una enorme ola con un gran lobo marino en su cresta y los caballos giraron bruscamente hacia el acantilado, pero Hipólito era un experto auriga y consiguió frenarlos. La fiera lo persiguió y acabaron chocando contra las rocas.

Los dioses pusieron a Hipólito en el cielo como la constelación del Auriga. Aunque otras versiones afirman que no subió al cielo sino que bajó al Tártaro.

Hay otra historia más sobre esta constelación. Tántalo, rey de Paflagonia (región al norte de Frigia en la costa del Mar Negro, en la actual Turquía), tuvo con su esposa Eurianasa a Pélope, Níobe y Bróteas. Pélope heredó el trono de Paflagonia, pero fue expulsado de allí y se aposentó en Lidia. Ilo, rey de Troya, le ordenó que continuara su camino y entonces pidió la mano de Hipodamía, hija de Enómao, rey de Pisa (en el Peloponeso) y de Élide que tenía tres hijos y una hija: Leucipo, Hipódamo, Disponteo e Hipodamía.

No se sabe bien por qué Enómao no quería casar a Hipodamía; unos creen que un oráculo le había prevenido que su yerno lo mataría y otros creen que estaba enamorado de su propia hija. Sea lo que fuere Enómao, que era famoso por su amor a los caballos y había prohibido que en su reino se aparearan yeguas con asnos, desafiaba a todos los pretendientes a una carrera de caballos desde Pisa, situada junto al río Alfeo frente a Olimpia, hasta el altar de Poseidón en el istmo de Corinto; Hipodamía debía acompañar al pretendiente (para distraer su atención de los caballos), pero les concedía de ventaja el tiempo de sacrificar un carnero a Zeus (una media hora). Si el pretendiente era alcanzado debía morir, pero si ganaba la carrera Hipodamía sería suya y Enómao debía morir.

Enómao corría con Psila y Harpina, dos yeguas engendradas por el viento que le había regalado su padre Ares, y su carro hábilmente conducido por el auriga Mirtilo estaba especialmente preparado para las carreras. Siempre alcanzaba a su rival y lo traspasaba con su lanza (otro regalo de Ares). Mirtilo era hijo de Hermes y también estaba enamorado de Hipodamía, pero no se atrevía a competir.

Enómao se jactaba de que un día construiría un templo con cráneos, y los dioses decidieron poner fin a la matanza de pretendientes. Cuando Pélope desembarcó en Élide hizo un sacrificio a Poseidón suplicándole que le diera el carro más rápido del mundo o que contuviera el ímpetu de la lanza de bronce de Enómao, y Poseidón dió a Pélope un carro de oro alado que podía correr por el mar sin que se le mojasen los ejes y que iba tirado por un tronco de caballos incansables, alados e inmortales.

Cuando llegó a Pisa, Pélope se asustó al ver la cantidad de cabezas clavadas en las puertas del palacio y se arrepintió de haber lanzado el desafío, por lo que pactó con Mirtilo que si traicionaba a Enómao y ganaba la carrera le daría la mitad del reino y podría pasar la noche de bodas con Hipodamía. Por otro lado Hipodamía se había enamorado de Pélope y ofreció una generosa recompensa a Mirtilo si lograba ralentizar el carro de su padre durante la carrera; así que para la carrera Mirtilo sustituyó las pezoneras de los ejes del carro de Enómao por otras de cera que se derritieron con la fricción, y llegando al istmo de Corinto, cuando ya Enómao levantaba su lanza para atravesar la espalda de Pélope, las ruedas de su carro se soltaron y murió arrastrado por los caballos. Pero antes de morir lanzó una maldición a Mirtilo rogando que pereciera a manos de Pélope.

Pélope, Hipodamía y Mirtilo embarcaron entonces para hacer una excursión por el mar, y ya anocheciendo se detuvieron en la isla de Helene, no muy lejos de la de Eubea, donde bajó Pélope para traer agua a Hipodamía que tenía sed. Cuando regresó con el yelmo lleno de agua Hipodamía corrió llorando hacia él diciendo que Mirtilo había intentado violarla por lo que Pélope golpeó a Mirtilo y este, furioso, le recordó su juramento "Esta es la noche de bodas que me prometiste con Hipodamía ¿es que vas a romper tu juramento?". Pélope no respondió, desatracó y prosiguieron el viaje, y cuando se acercaban al cabo Geresto, el más meridional de la isla de Eubea, Pélope dió un puntapié a Mirtilo y lo lanzó al mar. Mientras se ahogaba Mirtilo lanzó una maldición contra Pélope y toda su familia. Hermes puso la imagen de su hijo Mirtilo entre las estrellas como la constelación del Auriga.


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