Mitología: Estrellas y Planetas

Antonio Herrera

Ir a Inicio de Mitología

ARIES(Ari), PISCIS(Psc), VELA(Vel), PUPIS(Pup) Y QUILLA(Car)

En la guerra entre Cronos y sus hijos capitaneados por Zeus, los titanes y los gigantes (entre los que estaban Tifón y Briareo, el que confundió don Quijote con un molino de viento) pelearon al lado de Saturno. En una ocasión, durante un consejo de guerra, titanes y gigantes irrumpieron inopinadamente en la reunión y los dioses tuvieron que echar mano de su poder de metamorfosis y escapar. Afrodita y Eros se convirtieron en peces y saltaron al Nilo (están en la constelación de Piscis); y Zeus se convirtió en un carnero y salió corriendo. Posteriormente, su lana, convertida en un vellocino de oro, fue colgada en un árbol en la región de la Cólquide (parte norte de Turquía a orillas del Mar Negro) guardada por un dragón inmortal y posteriormente subida al cielo en la constelación de Aries.

Cuando finalmente Júpiter venció en la lucha, enterró a Tifón bajo el Etna, y desde entonces, cuando se enfada e intenta liberarse derrama lava por el cráter de la montaña.

Poseidón La vela, la popa y la quilla son las partes en que quedó dividida la nave Argos, demasiado grande para formar una sola constelación.

Pelias, hijo de Poseidón, ya era anciano cuando se apoderó del trono a la muerte del rey eolio Creteo, aunque el heredero legítimo era su hermanastro Esón. Un oráculo le advirtió que le mataría un descendiente de Eolo, por lo que Pelias dio muerte a todos los eolios prominentes a excepción de Esón a quien perdonó la vida por respeto a su madre Tiro, pero lo retuvo preso en palacio obligándole a renunciar a su herencia.

Esón estaba casado con Polimela (o Anfínome) quien le dio un hijo llamado Diomedes. Pelias habría matado al niño sin misericordia pero Polimela llamó a sus parientes para que lloraran por él como si hubiese nacido muerto y luego lo sacó a hurtadillas de la ciudad y lo llevó al monte Pelión; allí el centauro Quirón lo crió como hiciera también con Asclepio, Aquiles, Eneas, Heracles y otros héroes.

Un segundo oráculo advirtió a Pelias que se cuidara de un hombre con una sola sandalia. Un día en que se hallaba en la costa con un grupo de príncipes aliados para hacer un sacrificio solemne a Poseidón se fijó en un joven alto y de larga cabellera con túnica de cuero y una piel de leopardo; llevaba dos lanzas de hoja ancha y calzaba solamente una sandalia. Había perdido la otra en el río Anauro a causa de una vieja que suplicaba a los transeúntes que la pasaran a la otra orilla; él se ofreció a llevarla en su espalda, pero se tambaleó bajo su peso (era la diosa Hera disfrazada) y perdió una sandalia. Hera estaba ofendida con Pelias porque no le había hecho los sacrificios de costumbre y había decidido castigarlo.

Jasón Pelias preguntó al desconocido rudamente: ¿Quién eres, y cómo se llama tu padre? A lo que contestó que Quirón era su padre adoptivo y lo llamaba Jasón, aunque anteriormente le llamaban Diomedes, hijo de Esón. Pelias le miró malamente y le preguntó:
-¿Qué harías si un oráculo te anunciase que uno de tus conciudadanos estaba destinado a matarte?
-Lo enviaría a Cólquide en busca del vellocino del carnero de oro, contestó sin saber que Hera había puesto esas palabras en su boca y te ruego me digas con quién tengo el honor de conversar.

Cuando Pelias reveló su identidad Jasón no se alteró y audazmente le reclamó el trono que le había usurpado, aunque no los rebaños ni vacadas. Le apoyaron firmemente su tío Feres, rey de Feras, y Amitaón, rey de Pilos, quienes habían ido a tomar parte en los sacrificios. Pelias no se atrevió a negarle sus derechos de nacimiento, renunciaría de buena gana al reino que se estaba convirtiendo en una pesada carga para un hombre de edad tan avanzada como la suya.
     -Pero antes te exijo que libres a nuestro querido país de una maldición. Y Jasón se enteró entonces que a Pelias le acosaba el ánima de Frixo, quien había huido de Orcómeno una generación antes montado en el lomo de un carnero divino para evitar que lo sacrificaran. Se refugió en Cólquide, donde le negaron el entierro cuando murió; y según el oráculo de Delfos, el territorio de Yolco nunca prosperaría si su ánima no era conducida a su patria en una nave junto con el vellón del carnero de oro. El vellón colgaba de un árbol en el bosque de Ares Cólquido, guardado día y noche por un dragón que nunca dormía.

Jasón no podía negarse a ese servicio y envió mensajeros a todas las regiones pidiendo voluntarios dispuestos a embarcarse con él. También consiguió que el tespio Argo le construyera un navío de 50 remos con madera del monte Pelión, y la misma Atenea puso un mástil oracular en la proa del Argo cortado del roble de su padre Zeus en Dodona.

     Los voluntarios venidos de toda Grecia fueron los siguientes:

     Acasto hijo del rey Pelias                                                  Áctor hijo del focio Deyon
     Admeto príncipe de Feras                                                 Anfiareo el adivino argivo
     Anceo el Grande de Tegea, hijo de Poseidón                      Anceo el Pequeño de Samos
     Argo el tespio, constructor del Argo                                   Ascalafo de Orcómeno, hijo de Ares
     Asterio de Peloponeso, hijo de Cometes                            Atalanta de Calidón, virgen cazadora
     Augías hijo del rey Forbante de Élide                                 Butes de Atenas, apicultor
     Ceneo lapita, quien en otro tiempo había sido mujer          Calais hijo alado de Bóreas
     Canto de Eubea                                                             Cástor luchador de Esparta, uno de los Dioscuros
     Ceteo hijo del arcadio Áleo                                              Corono lapita, de Girtón en Tesalia
     Equión hijo de Hermes, heraldo de Jasón                          Ergino de Mileto
     Estáfilo hermano de Fano                                                Eufemo de Ténaro, el nadador
     Euríalo hijo de Mecisteo, uno de los Epígonos                     Euridamante el dólope, del lago Kynias
     Falero el arquero ateniense                                              Fano el hijo cretense de Dionisios
     Heracles de Tirinto, el hombre más fuerte y luego un dios   Hilas el dríope, escudero de Heracles
     Idas hijo de Afareo de Mesene                                         Idmón el argivo, hijo de Apolo
     Ificlo hijo del etolio Testio                                                Ífito hermano del rey Euristeo de Micenas
     Jasón el capitán de la expedición                                      Laertes hijo del argivo Acrisio
     Linceo el vigía, hermano de Idas                                       Melampo de Pilos, hijo de Poseidón
     Meleagro de Calidón                                                        Mopso el lapita
     Nauplio el navegante, argivo, hijo de Poseidón                   Oileo de Lócride, padre de Áyax
     Orfeo poeta de Tracia                                                      Palemón de Etolia, hijo de Hefestos
     Peleo el mirmidón, padre de Aquiles                                 Peneleo beocio, hijo de Hipálcimo
     Periclímeno de Pilos, hijo de Poseidón                               Peante el magnesio, hijo de Táumaco
     Pólux pugilista espartano, uno de los Dioscuros                  Polifemo arcadio, hijo de Élato
     Tífis beocio de Sifas, el piloto de la nave                           Zetes hermano de Calais

Nunca, ni antes ni después, se ha reunido una tripulación de héroes tan valientes. A los argonautas se los llama con frecuencia minias, porque llevaron de vuelta el ánima de Frixo, nieto de Minia, y el vellón del carnero; y porque muchos de ellos, incluyendo el mismo Jasón, provenían de las hijas de Minia. Este Minia, hijo de Crises, había emigrado de la Tesalia a Orcómeno, en Beocia, donde fundó un reino y fue el primer rey que construyó una tesorería.

Después de apoderarse Heracles del jabalí de Erimanto (cuarto trabajo) fue invitado por unanimidad a ser capitán del Argo, pero declinó generosamente para servir a las órdenes de Jasón, que había proyectado y proclamado la expedición. Cuando se botó la nave se echaron suertes para ocupar los bancos (dos remeros por cada banco) y Jasón sacrificó una junta de bueyes a Apolo. Mientras el humo del sacrificio se elevaba los argonautas se sentaron para celebrar su banquete de despedida, y Orfeo tuvo que apaciguar los ánimos con su lira cuando el vino hizo su efecto. Con la primera luz de la aurora se hicieron a la mar rumbo a Lemnos.

Un año antes de esto que contamos los lemnios se habían peleado con sus esposas quejándose de que olían mal, y tomaban como concubinas a muchachas tracias tomadas en sus incursiones. En venganza, las lemnias asesinaron a todos los varones, viejos y jóvenes, con excepción del rey Toante a quien salvó la vida en secreto su hija Hipsípila, poniéndolo a la deriva en una barca sin remos.

Cuando el Argo apareció a la vista de las lemnias lo tomaron por una nave enemiga de Tracia; se pusieron las armaduras de sus maridos y corrieron a la costa para rechazar el ataque; pero Equión, con el báculo en la mano como heraldo de Jasón las tranquilizó. Entonces Hipsípila convocó un consejo en el que propuso que se enviaran alimentos y vino a los argonautas, pero sin ser admitidos en la ciudad por temor a ser acusadas de la matanza. Polixo, la anciana nodriza de Hipsípila les dijo que sin hombres la raza lemnia no tardaría en extinguirse por lo que lo más sensato sería ofrecerse amorosamente a los recién llegados y así, no solo se pondría la isla bajo una fuerte protección, sino que los nacimientos darían lugar a una raza nueva y fornida. Este consejo pareció bien, y los argonautas fueron bien recibidos.

Hipsípila dijo a Jasón que el trono de Lemnos sería suyo si se lo pedía, pero Jasón respondió que antes de fijar su residencia en Lemnos debía terminar la búsqueda del vellocino de oro; de todos modos convenció a los argonautas para que aplazasen su partida. Cada héroe tenía muchas mujeres jóvenes deseando acostarse con él, e Hipsípila reclamó a Jasón y engendró dos mellizos, Euneo y Nebrófono; y Euneo llegó a ser rey de Lemnos y proporcionó vino a los griegos durante la guerra de Troya.

Jasón y los Argonautas Los argonautas engendraron muchos hijos hasta que Heracles, que vivía y guardaba el Argo, se dirigió resueltamente a Mirina golpeando las puertas de las casas con su clava pidiendo que volvieran a cumplir con su deber, así que esa misma noche embarcaron para Samotracia; luego siguieron navegando dejando a Imbros a estribor. Como se sabía que el rey Laomedonte de Troya guardaba la entrada del Helesponto y no dejaba entrar a ninguna nave griega, se deslizaron de noche por el estrecho pegándose a la costa tracia y llegaron a salvo al mar de Mármara.

Cuando se acercaban al territorio de los doliones desembarcaron en una península escarpada llamada Arctón, y allí los recibió el rey Cícico, hijo de Eneo y aliado de Heracles, quien se acababa de casar con Clito y les invitó a su banquete de boda. Luego, tras una despedida cordial, se alejaron remando hacia el Bósforo. Pero de pronto comenzó a soplar un fuerte viento del nordeste y avanzaban tan despacio que Tifis decidió volver y ponerse al socaire de la península. Los argonautas vararon la embarcación en la más completa oscuridad y fueron atacados inmediatamente. Vencieron después de una feroz batalla; mataron a algunos y pusieron en fuga a los demás, y entonces descubrieron que habían llegado a la costa oriental de Arctón, y que el rey Cícico, que los había tomado por piratas, yacía muerto a sus pies. Clito, enloquecida por la noticia se ahorcó, y los argonautas realizaron juegos fúnebres en honor de Cícico. El mal tiempo los retuvo durante muchos días, pero por fin un alción revoloteó sobre la cabeza de Jasón y se posó en la proa del Argo; y Mopso, que entendía el lenguaje de las aves, explicó que todo iría bien si aplacaban a la diosa Rea. Ella había exigido la muerte de Cícico en replesalia por la de su león sagrado, muerto por el rey en el monte Díndimo, que corona la península, y también estaba enfadada con los argonautas por haber matado a los gigantes de seis brazos nacidos de la Tierra (eso ocurrió en el banquete de boda de Cícico, porque fueron atacados por los gigantes). En consecuencia erigieron una imagen a la diosa, tallada por Argo de una cepa antigua, y danzaron armados en la cima de la montaña. Rea agradeció su devoción e hizo que un manantial brotase de unas rocas cercanas. Luego se levantó un viento favorable y prosiguieron el viaje.

Desafiados por Heracles, los argonautas compitieron para ver quien podía remar durante más tiempo seguido. Tras muchas horas de esfuerzo (aliviadas por la lira de Orfeo) solo quedaron Jasón, los Dioscuros y Heracles. Cuando la fuerza de Cástor comenzó a disminuir Pólux abandonó para hacerlo desistir, y siguieron solos Jasón y Heracles sentados en lados opuestos de la nave hasta llegar a la desembocadura del río Cío, en Misia; allí se partió el remo de Heracles al tiempo que Jasón se desmayaba por el esfuerzo, así que vararon el Argo a la orilla del río. Mientras preparaban la comida de la noche Heracles fue a buscar un árbol para hacerse un remo nuevo; desarraigó un abeto enorme y lo llevó al campamento para desbastarlo, pero allí se encontró con que su escudero Hilas había salido dos horas antes en busca de agua y no había vuelto aún. Polifemo había salido también a buscarlo. Gritando el nombre de Hilas Heracles se metió en el bosque y no tardó en encontrar a Polifemo que le informó: Oí a Hilas gritar pidiendo ayuda y corrí hacia su voz, pero cuando llegué al estanque solo vi su cántaro abandonado sin señales de lucha alguna; Heracles y Polifemo siguieron buscando toda la noche y varios días más.

Al amanecer comenzó a soplar viento favorable; los argonautas tenían que aprovecharlo pero ni Heracles ni Polifemo habían regresado ni contestaron a sus gritos. Jasón ordenó reanudar el viaje y esto provocó fuertes protestas; cuando el Argo se alejaba de la costa varios argonautas acusaron a Jasón de querer vengarse por su derrota en la competencia de los remos y trataron de que Tifis diera la vuelta a la nave, pero Calais y Zetes se interpusieron (y por este motivo Heracles los mató luego en la isla de Tenos).

El Argo hizo escala en la isla de Bébricos y luego llegaron a Salmidesos, en la Tracia oriental, donde reinaba Fineo, hijo de Agenor. Los dioses le habían cegado por profetizar el futuro con demasiada exactitud y también le molestaban un par de harpías quienes le quitaban la comida de su mesa ensuciando la que no podían llevarse. Cuando Jasón pidió a Fineo que le aconsejara cómo conseguir el vellocino de oro Fineo le contestó: Primero líbrame de las harpías. Los sirvientes de Fineo sirvieron a los argonautas un banquete sobre el cual descendieron inmediatamente las harpías, pero Calais y Zetes, los hijos alados de Bóreas, se levantaron espada en mano y las persiguieron por el aire hasta el otro lado del mar.

Fineo instruyó a Jasón sobre cómo navegar por el Bósforo, el tiempo, la hospitalidad y la suerte que podían esperar en su viaje a Cólquide, país que se halla en el extremo más oriental del Mar Negro, a la sombra de las montañas del Cáucaso; y añadió: Una vez que hayas llegado a Cólquide ¡confía en Afrodita!

La entrada del Bósforo estaba protegida por dos piedras gigantescas que se unían cuando los navíos intentaban pasar a través de ellas aplastándolos. Jasón soltó una paloma delante del barco y las rocas la aplastaron, pero mientras las rocas retrocedían los argonautas pasaron remando a toda velocidad ayudados por Atenea y por la lira de Orfeo; solo perdieron el ornamento de la popa. Siguiendo a lo largo de la costa meridional pasaron por el islote de Tinias, y llegaron a la ciudad de Mariandina, donde los recibió cordialmente el rey Lico y ofreció a los argonautas a su hijo Dáscilo para que los guiase a lo largo de la costa. Al día siguiente, cuando estaban a punto de embarcar, Idmón fue atacado por un jabalí y murió desangrado; le lloraron tres días durante los cuales Tifis enfermó y murió. Anceo el Grande, Ergino, Nauplio y Eufemo se ofrecieron como timoneles y fue elegido Anceo.

Medea Desde Mariandina siguieron hacia el este a vela durante muchos días hacia Sinope, en Pafaglonia, y allí Jasón encontró tres reclutas para los puestos vacantes de remeros; luego prosiguieron hasta el país de las amazonas, de los cálibes, de los tibarenos, de los mosinos, y llegaron al islote de Ares donde fueron atacados por grandes bandadas de pájaros. Desembarcaron, como les había dicho Fineo, y ahuyentaron todas las aves hasta no quedar ninguna. Esa misma noche se levantó una gran tormenta durante la cual llegaron al islote cuatro náufragos eolios asidos a un madero, eran Citisoro, Argo, Frontis y Melanión, hijos de Frixo y de Calíope y nietos del rey Eetes de Cólquide. Jasón los recibió cordialmente y todos juntos ofrecieron sacrificios a Ares. El Argo pasó luego por la costa de Fílira, donde Crono yació en otro tiempo con Fílira, hija de Océano, y donde los había sorprendido Rea in fraganti. Crono se transformó inmediatamente en un caballo semental y se alejó al galope dejando que Fílira criara a su hijo medio hombre y medio caballo, el cual fue Quirón, el centauro ilustrado.

Pronto se alzó frente a los argonautas la cordillera del Cáucaso y entraron en la desembocadura del ancho río Fasis, que riega la Cólquide, y después de hacer una libación de vino y miel en honor de los dioses del país Jasón ocultó el Argo en un remanso y convocó un consejo de guerra en el que propuso que fueran los hijos de Frixo a la cercana ciudad de Ea donde reinaba Eetes y le pidieran como favor el vellocino; solo si se lo negaban recurrirían al engaño o a la fuerza. Todos aprobaron la sugerencia y también Augías, el hermanastro de Eetes, se unió al grupo.

Entretanto, Hera y Atenea discurrían en el Olimpo cómo favorecer a Jasón y decidieron apelar a Afrodita quien fue a ver a su hijo Eros y lo encontró jugando a los dados con Ganimedes (y haciendo trampas), y le pidió que clavara una de sus flechas en el corazón de Medea; a cambio le ofreció una pelota de oro esmaltada con anillos azules. Eros aceptó.

Cuando Jasón y sus compañeros se acercaron al palacio se encontraron primeramente con Calcíope, que se sorprendió de ver a Citisoro y sus otros tres hijos de regreso tan pronto, y cuando oyó sus relatos agradeció a Jasón haberles salvado la vida. Luego se presentó Eetes acompañado por Idía y pidió a Argo, su nieto favorito, que explicara la presencia de los griegos pues sabía que Laomedonte impedía su entrada al Mar Negro. Argo contestó que Jasón, a quien él y sus hermanos debían la vida, había venido buscando el vellocino de oro por consejo de un oráculo; y viendo el gesto de furia que ponía Eetes se apresuró a añadir: a cambio de ese favor estos nobles griegos someterán de buena gana a los saurómatas al gobierno de Vuestra Majestad. Eetes rió despectivamente y ordenó a Jasón y sus compañeros que volvieran a su tierra antes de que les cortaran la lengua y los decapitasen. En ese momento salió Medea del palacio, y cuando Jasón respondió amable y cortésmente, Eetes, algo avergonzado, prometió entregar el vellocino a cambio de algo imposible; Jasón debía uncir a dos toros que exhalaban fuego y tenían las pezuñas de bronce, creados por Hefesto; arar con ellos el campo de Ares en una extensión considerable y luego sembrarlo con los dientes de la serpiente que sobraron de la siembra de Cadmo en Tebas, regalo de Atenea. Jasón se preguntaba cómo podría realizar estas hazañas, cuando Eros disparó una de sus flechas a Medea.

Jasón y Medea Cuando Calcíope fue al dormitorio de Medea esa noche para pedirle ayuda en nombre de Citisoro y sus hermanos la encontró perdidamente enamorada de Jasón, y se ofreció como mediadora; Medea se comprometió de buena gana a ayudar a Jasón con la única condición de volver en el Argo como su esposa. Llamaron a Jasón quien juró por todos los dioses del Olimpo que sería eternamente fiel a Medea, y ella le entregó un pomo que tenía una loción que le protegería contra el aliento ígneo de los toros. Jasón lo aceptó agradecido y untó todo su cuerpo, la lanza y el escudo; así pudo someter a los toros y uncirlos a un arado. Aró durante todo el día, y al anochecer sembró los dientes de los que salieron inmediatamente hombres armados; arrojó una piedra entre ellos, como había hecho Cadmo, para que luchasen entre sí y luego dio muerte a los heridos sobrevivientes.

Pero el rey Eetes no estaba dispuesto a desprenderse del vellocino de oro y se negó a cumplir lo convenido. Amenazó con incendiar el Argo y matar a sus tripulantes, pero Medea condujo a Jasón y a los argonautas al recinto de Ares, a unos 9 Km de distancia, donde estaba colgado el vellocino guardado por un dragón inmortal más grande que el mismo Argo, nacido de la sangre de Tifón. Medea apaciguó al dragón con encantamientos y luego, utilizando ramitas de enebro recién cortadas le roció los párpados con gotas soporíferas. Jasón desató con cautela el vellocino del roble y todos corrieron hacia la playa donde estaba el Argo.

Los sacerdotes de Ares habían dado ya la alarma y en un reñido combate los cólquidos hirieron a Ífito, Meleagro, Atalanta y Jasón, pero consiguieron embarcarse todos y se alejaron de la costa perseguidos por las galeras de Eetes. Solo Ífito murió por las heridas; Medea no tardó en curar a los otros.

Hay muchas versiones sobre el regreso del Argo a Grecia, muchas de ellas por itinerarios impracticables, pero fuera como fuese las naves cólquidas alcanzaron al Argo en Corcira (llamada entonces Drepane) varado frente al islote de Macris. Los cólquidos fueron a ver al rey Alcínoo y la reina Arete y les pidieron en nombre de Eetes que les devolvieran a Medea y al vellocino de oro, pero Antínoo que dudaba del trato que Eetes daría a Medea pospuso su decisión para el día siguiente. Medea había solicitado la protección de la reina, y esta consiguió que Alcínoo le dijera la sentencia que iba a dictar al día siguiente: Si Medea es todavía virgen volverá a Cólquide, pero si no lo es podrá quedarse con Jasón. Y cuando el rey se durmió la reina Arete envió su heraldo para decir a Jasón qué iba a pasar; y Jasón se casó inmediatamente con Medea. Los argonautas celebraron la boda con un suntuoso banquete y extendieron el vellocino sobre el lecho nupcial. Por la mañana Alcínoo pronunció su sentencia y Jasón anunció que Medea era su esposa por lo que los cólquidos no pudieron llevarse a Medea, y temiendo al rey Eetes si volvían sin ella, se establecieron en Corcira y por las islas ilirias y construyeron la ciudad de Pola.

Jasón solo necesitaba ya doblar el cabo Malea para volver con el vellocino a Yolco. Pasó sin inconvenientes por la isla de las Sirenas ya que sus cantos fueron contrarrestados por los acordes aún más bellos de la lira de Orfeo; luego navegaron con buen tiempo por la costa Libia. De pronto una tempestad dejó al Argo en seco a una milla de la costa y los argonautas tuvieron que llevarlo a hombros hasta el agua. A Mopso le mordió una víbora y murió entre grandes dolores.

Por fin una noche de otoño llegaron a la playa de Págasas, pero nadie fue a recibirlos porque había corrido el rumor en Tesalia de que todos habían muerto, y Pelias entonces se había atrevido a matar a Esón, a Polimela y a Prómaco, un hijo nacido después de la partida del Argo. Jasón se enteró de todo esto por un barquero solitario al que prohibió que difundiese la noticia de su vuelta y convocó un consejo de guerra. Todos opinaron que Pelias merecía la muerte, pero cuando Jasón exigió un ataque inmediato a Yolco, Acasto observó que no podía esperarse de él que se opusiese a su padre, y entonces los demás creyeron más prudente regresar cada uno a su patria y reunir contingentes para una guerra. La verdad es que Yolco contaba con una guarnición muy fuerte para un grupo tan pequeño; no obstante Medea se comprometió a dominar ella sola la ciudad y pidió a los argonautas que ocultasen el navío en una playa boscosa y retirada desde la que podía verse Yolco; cuando vieran una antorcha encendida en el terrado del palacio es que Pelias ya había muerto y las puertas de la ciudad estaban abiertas.

Medea cogió una imagen hueca de Ártemis, disfrazó a sus doce esclavas feacias y fueron en procesión llevando la imagen por turno hacia Yolco. Al llegar a las puertas, Medea, que se había dado el aspecto de una vieja arrugada, ordenó a los centinelas que la dejaran pasar porque la diosa Ártemis había llegado del brumoso país de los hiperbóreos en un carro tirado por serpientes voladoras para llevar la buena suerte a Yolco. Los centinelas no se atrevieron a desobedecer y Medea con sus esclavas fueron recorriendo las calles como ménades provocando un frenesí religioso.

Interrumpido en su sueño, Pelias preguntó qué deseaba de él la diosa, y Medea respondió que agradecer su piedad rejuveneciéndolo para permitirle engendrar herederos en lugar de su hijo Acasto muerto en un naufragio frente a las costas de Libia. Pelias dudaba, hasta que Medea se quitó el aspecto de anciana transformándose en joven ante sus ojos; luego descuartizó un carnero viejo en trece pedazos y los hizo hervir en una caldera, y empleando salmos colquídeos, que Pelias tomó por hiperbóreos, simuló que rejuvenecía al carnero muerto sacando un corderillo retozón que traía oculto junto con otros utensilios mágicos dentro de la imagen hueca de la diosa. Pelias, totalmente engañado, consintió en acostarse en un lecho y Medea lo durmió prestamente con encantamientos, luego ordenó a sus hijas Alcestis, Evadne y Anfínome que lo despedazasen como ella había hecho con el carnero. Alcestis se negó, pero Evadne y Anfínime, engañadas, lo despedazaron; luego las llevó al terrado y les explicó que debían invocar a la Luna mientras hervía la caldera. Desde su escondite los argonautas vieron el resplandor de la hoguera y corrieron hacia Yolco, donde no encontraron oposición.

Aries Jasón cedió el trono a Acasto y no discutió la sentencia del Consejo de la ciudad cuando lo desterró. Fue a Orcómeno, en Beocia, donde colgó el vellocino de oro en el templo de Zeus, quien puso su imagen en el cielo en la constelación de Aries; luego varó el Argos en el istmo de Corinto y lo consagró a Poseidón.

En Cólquide, a Eetes había sucedido Buno y luego Corinto, que murió; Medea reclamó el trono y los corintios aceptaron a Jasón como rey, pero diez años después Jasón sospechó que Medea había envenenado a Corinto para conseguir la sucesión y quiso divorciarse. Medea no negó su crimen, pero exigió que se atuviese al juramento hecho en Ea. Jasón no cedió porque quería casarse con Glauce, hija de Creonte, y Medea fingió someterse. Envió un regalo de boda por medio de los príncipes (había dado 7 hijos y 7 hijas a Jasón) que consistía en una corona de oro y una túnica blanca, y tan pronto como se los puso Glauce surgió un fuego que la consumió a ella, al rey Creonte y a todos los huéspedes reunidos en palacio excepto a Jasón que se salvó saltando por una ventana.

Medea se casó posteriormente con Medeo y llegó a ser reina de Cólquide, pero Jasón perdió el favor de los dioses cuando fue infiel a Medea y erró de ciudad en ciudad odiado por los hombres. En la ancianidad volvió una vez más a Corinto y se sentó a la sombra del Argo para recordar sus glorias pasadas; estaba a punto de ahorcarse de la proa cuando la nave volcó hacia delante y lo mató. Poseidón puso luego la imagen de la popa del Argo (que era inocente del homicidio) entre las estrellas.

Hace 2000 años el Sol cruzaba el ecuador por la constelación de Aries, pero la precesión terrestre lo ha desplazado actualmente a Piscis y no volverá a Aries hasta dentro de 25000 años. La estrella a (Hamal) es doble, y otras brillantes son la b (Sharatán) y la g(Mesatim).

En Puppis (La Popa) existen varios cúmulos magníficos: NGC2437 o M46, NGC2447 o M93 y NGC2477 con más de 300 estrellas a 3.300 a.l.


Volver a Mitología | | Ir a Astronomía