En el periodo entre 1908 y 1912, las teorías de la deriva continental fueron
propuestas por el geólogo y meteorólogo alemán Alfred Wegener (1880-1930).
Wegener, defendió la teoría de la deriva de los continentes en una época en que los
medios tecnológicos para desmostrarla no se habían desarrollado todavía. Fue
profesor de meteorología en la Universidad de Graz desde 1924 hasta 1930.
A
partir de diversas evidencias, renovó la idea de que todos los continentes
estuvieron en un momento dado unidos en una gran área de tierra que él llamo
Pangea. Más tarde sostuvo que ese supercontinente habría comenzado a dividirse
hace aproximadamente 200 millones de años en dos partes: una norte que él llamo
Laurasia, y una sur llamada Gondwana por el geólogo austríaco Eduard Suess.
Las
teorías de Wegener, descritas en El origen de los continentes y de los
océanos (1915), no fueron corroboradas por los científicos hasta 1960,
cuando la investigación oceanográfica reveló el fenómeno conocido como expansión
del fondo del mar, atribuida al geólogo norteamericano Harry Hammond Hess.
Wegener murió durante una expedición a Groenlandia.
Wegener descubrió que las
placas continentales se rompen, se separan y chocan unas con otras. Estas
colisiones deforman los sedimentos geosinclinales creando las cordilleras de
montañas futuras. Los trabajos geofísicos sobre la densidad de la Tierra y las
observaciones de los petrólogos habían mostrado con anterioridad que la corteza
terrestre se compone de los materiales bien distintos: el sima, formado por
silicio y magnesio, por lo general basáltica y característica de la corteza
oceánica; y el sial, de silicio y aluminio, por lo general granítica y
característica de la corteza continental.
Wegener creía que las placas
continentales sialicas se deslizaban sobre la corteza oceánica simática como
hacen los icebergs en el océano. Este razonamiento era falaz, porque la
temperatura de fusión del sima es mayor que la del sial. Después los geólogos
descubrieron la llamada astenosfera, capa semisolida, situada en el manto
terrestre debajo de la corteza, a profundidades entre 50 y 150 km. Primero se
conjeturó y luego se demostró sísmicamente que era un material plástico que
podía fluir despacio. Para Wegener, las causas de la deriva continental se
podían deber a diversas causas como: la fuerza centrifuga de la tierra, el
efecto de las mareas y a la fuerza polar, que hacía que los continentes se
desplazaran desde los polos al Ecuador.
| Argumentos para justificar la teoría de la deriva continental. | |
Pruebas paleontológicas. Se hallaron fósiles de un mismo helecho de hoja caduca en
Sudamérica, Sudáfrica, Antártida, India y Australia. Así como fósiles del reptil
Lystrosauros en Sudáfrica, India y Antártida, y fósiles de Mesosauros en Brasil
y Sudáfrica. Esto indicaba que tanto esta fauna como la flora pertenecían a unas
mismas zonas comunes que se irían distanciando con el paso del tiempo, claro
está, con el deslizamiento de los continentes.
Pruebas geológicas. Por un lado, el ajuste de los bordes de la plataforma
continental entre los continentes africano y sudamericano, esto es, que
encajaban el uno con el otro. Por otro lado, la continuación de las cadenas
montañosas en el continente sudamericano y en el africano, hoy en día separadas
por el océano Atlántico. Y por ultimo, la continuación de las cadenas montañosas
europeas y norteamericanas. Actualmente separadas por el océano Atlántico.
Pruebas paleomagnéticas. Se puede saber cuál era la posición de los continentes con
respecto a los polos, atendiendo al magnetismo procedente de la composición de
sus rocas. De esta forma, observando los trazados magnéticos se llego a la
conclusión de que hubo con anterioridad una conglomeración de los continentes
actuales.
Pruebas paleoclimáticas. La presencia de un mismo modelo erosivo en distintos
continentes, da pie a pensar, que todos ellos permanecieron en el pasado unidos
ya que poseían el mismo clima. Por ejemplo, los mismos depósitos morrénicos en
Sudáfrica, Sudamérica, India y Australia.
Distribución actual de los seres vivos. Después de la fragmentación de los continentes,
se han encontrado especies que poseen características iguales, en determinados
continentes, con la única diferencia de que éstas han ido evolucionando según su
nuevo entorno. Por ejemplo, el caracol de jardín encontrado tanto en
Norteamérica como en Eurasia.
Atendiendo a todo la mencionado anteriormente Wegener trató de defender su teoría de la
deriva continental. Indicó que las formaciones rocosas de ambos lados del océano
Atlántico -en Brasil y en África occidental- coinciden en edad, tipo, estructura
y encajaban. Además, con frecuencia contienen fósiles de criaturas terrestres
que no podrían haber nadado de un continente al otro. Estos argumentos
paleontológicos estaban entre los más convincentes para muchos especialistas,
pero no impresionaban a otros.
Los mejores ejemplos dados por Wegener de las fronteras continentales hendidas
estaban a ambos lados del océano Atlántico. De hecho, se comprobó
el encaje preciso mediante computadora y el ajuste era casi perfecto. El error
medio de estos límites es menor a un grado. Sin embargo, a lo largo de otras
márgenes oceánicas, no se encuentra una complementariedad similar: por ejemplo,
en el cinturón que circunvala el Pacifico o en el sector de Myanmar (Birmania).
Estos puntos de discrepancia subrayan una característica de los bordes
continentales señalada por el geólogo vienés Eduard Suess, hacia 1880. Reconoció
un “tipo atlántico”de margen, identificado por le truncado abrupto de antiguas
cadenas montañosas y por estructuras hendidas, y un “tipo pacífico”, marcado por
montañas dispuestas en cordilleras paralelas, por líneas de volcanes y por
terremotos frecuentes. Para muchos geólogos, las costas de tipo pacífico parecen
estar localizadas donde los geosinclinales se deforman y se elevan para formar
montañas.
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