Cuanto más grande, más inteligente, es la
explicación convencional basada en el sentido común, de porqué el cerebro humano
creció gradualmente hasta ser tres veces mayor que el cerebro ancestral. Pero
nuevos hallazgos complican esta visión fácil de las cosas.
Los cerebros
más grandes no fueron generalmente más listos, se encarga de recordarnos el
neurobiólogo William H. Calvin, quien ha expuesto sus ideas al respecto en una
asamblea de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, celebrada
recientemente en Washington, D.C.
Gracias a los arqueólogos, sabemos que
nuestros antepasados experimentaron dos períodos, cada uno de más de un millón
de años, en los que las técnicas de fabricación de herramientas no mejoraron
gradualmente, a pesar de un considerable incremento paulatino en el tamaño del
cerebro.
La ventaja de un cerebro más grande sería un mayor espacio para
elaborar palabras en frases cortas, algo necesario para el trabajo en equipo a
fin de determinar quién hará qué.
Sin embargo, aún en estas
circunstancias, no se produjo un incremento del ingenio en general, demostrado
en las técnicas de fabricación de herramientas. Peor aún para la hipótesis de
"más grande es más listo y mejor”, está el hecho de que los Homo sapiens que
andaban por África hace unos 200.000 años con un cerebro del tamaño del nuestro,
pasaron con unas pocas excepciones los siguientes 150.000 años haciendo las
mismas cosas que ya hacían antes, sin progresar.
El concepto de "más
grande es mejor" puede ser verdad para algunos aspectos, como los que se
benefician de las ventajas asociadas al protolenguaje, el trabajo compartido o
el lanzar un objeto con buena puntería. Sin embargo, durante períodos largos en
la evolución humana, la inteligencia general no mejoró mucho. No obstante,
cuando finalmente lo hizo, los resultados fueron espectaculares. Retrocediendo
de 75.000 a 50.000 años atrás, en África encontramos una ráfaga de creatividad.
Las gargantillas y los pendientes aparecen primero, luego figurillas, y hace
35.000 años, pinturas en paredes de cuevas europeas, efectuadas con
perspectiva.
Aquellos humanos desarrollaron las funciones intelectuales
superiores, como la sintaxis, que hace posible la elaboración de frases largas;
la planificación multietapa, cadenas de lógica, juegos con reglas arbitrarias, y
la afición por descubrir pautas escondidas.
La búsqueda de la lógica de
las cosas se ve en la fabricación de rompecabezas o crucigramas, en hacer
ciencia, y en gastar una broma, ilustra Calvin. "Es probable que todos ellos
compartieran alguna maquinaria neural para la manipulación de estructuras y el
juicio coherente. La mejora de uno por selección natural, permitiría mejorar
también a los demás". Esas funciones fueron realmente nuevos usos de viejas
cosas, probablemente los mecanismos del cerebro para la estructuración de
movimientos. La dificultad vino en controlar la calidad de los nuevos
comportamientos.
Es esa combinación de pensamiento estructurado y la
mejora de su calidad lo que, según Calvin, condujo a los niveles humanos de
conciencia contemplativa.
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