Según un par de estudios realizados por el
Astrobiology Institute de la NASA, en el pasado de nuestro planeta el encuentro
con gigantescas nubes espaciales muy densas podría haber provocado extinciones
globales en la Tierra.
El paso a través de dichas nubes podría haber
provocado glaciaciones globales. Otra posibilidad es que las nubes moleculares,
no tan densas, habrían permitido que partículas cargadas pudieran penetrar en la
atmósfera terrestre, destruyendo buena parte de la capa protectora de ozono y
ocasionando con ello extinciones de índole también global.
Según los
modelos informáticos, la acumulación de polvo interestelar en la atmósfera
durante la inmersión de nuestro sistema solar en una densa nube espacial podría
ocasionar un cambio climático radical. Alex Pavlov, de la University of
Colorado, en Boulder, indica que la capa de polvo, flotando en la atmósfera,
absorbería y dispersaría la radiación solar, permitiendo sin embargo que el
calor escapara desde la superficie. En poco tiempo, se acumularía hielo en esta
última y se produciría una glaciación que convertiría a todo el planeta en una
auténtica bola de nieve.
Hace entre 600 y 800 millones de años, se
produjeron al menos dos glaciaciones de este tipo. El gran misterio hasta ahora
era averiguar qué las había provocado. La hipótesis de las nubes espaciales
podría ser probada por los geólogos. Para ello tendrán que estudiar las rocas en
busca de capas que estén relacionadas con dichos episodios, y analizar si
contienen grandes cantidades de uranio-235. Este elemento es producido
constantemente en las nubes espaciales, cuyo origen son estrellas explosivas
llamadas supernovas.
Encontrar cambios en la proporción de uranio-235/238
en las capas de roca adecuadas sería prueba de la presencia de material
interestelar originado en supernovas. Este tipo de colisiones entre el sistema
solar y nubes espaciales es poco frecuente pero ya debe haber ocurrido. Aunque
no parezcan ser muy densas, sus consecuencias para la Tierra serían
devastadoras.
Por ejemplo, una nube de este tipo comprimiría la
heliosfera solar, pero sin conseguir dejar fuera de su protección a nuestro
planeta ante la llegada de partículas de polvo. Sin embargo, el alto flujo de
hidrógeno de la nube causaría una mayor producción de rayos cósmicos
eléctricamente cargados por parte del Sol. Estos rayos cósmicos, que normalmente
son desviados por nuestra magnetosfera, podrían penetrar más fácilmente en la
atmósfera. Dado que las nubes espaciales son muy grandes, el sistema solar
podría tardar medio millón de años en atravesar una de ellas. Durante ese
período, la Tierra experimentaría al menos una inversión del campo magnético. En
ese momento, los rayos cósmicos entrarían en la atmósfera sin oposición,
rompiendo las moléculas de nitrógeno y formando óxidos de este elemento. Estas
sustancias destruirían más del 40 por ciento del ozono protector en la alta
atmósfera y más del 80 por ciento sobre los polos. Entonces, la radiación
ultravioleta solar alcanzaría la superficie, causando un grave daño a los seres
vivos desprotegidos.
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