Un informe de la oficina regional en Europa de la OMS -presentado en la cumbre
de Montreal- señala que cada día hay más evidencia de que el cambio climático
está afectando ya a la salud de las personas en esta región del planeta. El
cambio climático comporta un incremento de los fenómenos meteorológicos
extremos, pero también enfermedades vinculados a éstos.
En el 2003 Europa vivió una fortísima ola de calor que aún se recuerda, y el año
pasado 15 grandes inundaciones mataron a 250 personas y causaron un millón de
damnificados. Los casos de salmonelosis se incrementan entre un 5% y un 10% por
cada grado centígrado de aumento semanal de la temperatura. Y enfermedades como
la borreliosis o la encefalitis centroeuropea, causadas por picaduras de
garrapatas y piojos, entre otras causas, se han extendido hasta latitudes más
septentrionales (Suecia) y puntos más elevados (como la República Checa) en
donde antes no estaban presentes. Además, la estación del polen se ha expandido
un promedio de 10 u 11 días de más en los últimos 30 años.
Mientras los
científicos han venido anunciando que las consecuencias del cambio climático
sobre la salud se notarían a largo plazo, la OMS concluye que son visibles ya. A
partir de unos estudios recientes, el programa sobre el cambio climático y
estrategias de adaptación a la salud humana de la OMS en Europa identifica las
políticas que se deberían llevar a cabo para afrontar estas amenazas y reducir
el número de muertes o víctimas. La OMS señala que el sur de Europa se
convertirá cada vez más en un lugar seco en el futuro, mientras que el clima en
el norte del continente se volverá presumiblemente más cálido y húmedo. Los 890
millones de habitantes de la región de Europa están expuestos a los fenómenos
meteorológicos extremos, particularmente a través de olas de calor, sequías e
inundaciones.
Hay una relación cada vez más clara entre la ratio de
muertes y el estrés térmico. En el oeste de Europa, unas 35.000 muertes
de más contabilizadas en el 2003 fueron relacionadas con la ola de calor. En un
escenario de alto nivel de emisiones de gases, el número de muertes anuales
atribuidas al calor puede pasar en Gran Bretaña de las 800 en el periodo
1976-1996 a unas 3330 en el 2050, mientras que en Portugal pasarían de las 600
en el periodo 1980-1998 a 1.500 en el 2020.
Reducir la mortalidad
Garantizar que el sistema
sanitario esté vigilante e informe a los ciudadanos puede ayudar a reducir la
mortalidad, sostiene la OMS. Sin embargo, sólo algunos países han tomado
medidas. Con la excepción de Lisboa y Roma, ningún sistema de alerta estaba en
servicio antes del 2003. Ciudades de Francia, Alemania, Italia, España y Gran
Bretaña las han introducido después.
Las inundaciones son el tipo de
desastre natural que causa pérdidas de vidas y daños económicos en esta región.
Entre 1995 y 2004, Europa sufrió unas 30 grandes inundaciones, que mataron a
unas 1.000 personas y afectaron a la vida de 2,5 millones de habitantes. A los
muertos y heridos se unen las enfermedades y los problemas mentales que se dan
en la inundación o en la reconstrucción.
El informe destaca que las
enfermedades como la borreliosis y la encefalitis centroeuropea -transmitidas a
los seres humanos por picaduras de garrapatas o piojos infectados- han alcanzado
Suecia e, incluso, se han registrado en zonas situadas entre 700 y 1.100 metros
de altura en la República Checa, en donde son más frecuentes en algunas zonas.
Anualmente, en el hemisferio norte se registran unos 85.000 casos de estas
enfermedades. La borreliosis puede generar problemas en el sistema neurológico,
el corazón o las articulaciones, mientras que la encefalitis centroeuropea puede
dañar el sistema nervioso central.
Asimismo, algunos estudios apuntan
que el cambio climático puede incrementar la elevación de la leishmaniasis
-infección cutánea- en las zonas del norte. En Europa, habitualmente se localiza
a unos 45 grados de latitud norte y a menos de 800 metros de altura sobre el
nivel del mar. Pero recientes investigaciones la han detectado en Alemania, a 49
grados de latitud. También la incidencia de su infecciones se ha incrementado en
Francia e Italia, y han aparecido nuevas áreas con esta enfermedad en Croacia,
norte de Italia, Alemania o Suiza.
|