Tal y como preveía la NASA y el grupo de cooperación
internacional implicado en el proyecto, el proyectil impactó contra la
superficie del cometa Tempel 1, una hazaña científica sin
precedentes.
Tan sólo la imaginación cinematográfica de los creadores de Hollywood, con el
avance técnico de los efectos especiales, había recreado para el cine la remota
posibilidad de que un proyectil lanzado por el hombre impactara contra un
cometa. La
Agencia Espacial Norteamericana (NASA), con el apoyo de un considerable grupo de
científicos a nivel internacional,
ha conseguido hacer realidad esta visión, con fines científicos, lo que supone una
hazaña sin precedentes en la historia de la astronomía.
El éxito de la misión se confirmó en el momento del impacto, con un cálculo milimétrico realizado desde la agencia respecto al
momento exacto de la colisión y el punto donde se produciría (el margen de error
fue de menos de un kilómetro), a pesar de que el cometa Tempel 1, con 5,5
kilómetros de diámetro, se encontraba a más de 130 millones de kilómetros de la
tierra, cerca de Júpiter. El mismo tarda 5 años en dar una vuelta alrededor
del Sol.
El proyectil lanzado por la sonda "Deep Impact" colisionó con la superficie
del cometa a unos 37.000 kilómetros por hora y provocó una especie de cono
invertido saliendo del astro, producido por la nube de polvo y materiales que se
desprendieron del mismo y más importante de lo previsto. Las imágenes del
histórico momento fueron captadas y enviadas a la Tierra por la nave (con un
retardo de más de 7 minutos), que permaneció a 500 kilómetros del cometa. La
sonda "Deep Impact" consiguió su objetivo después de 173 días en el espacio,
desde el 12 de enero, y 431 millones de kilómetros recorridos.
Cooperación internacional
Tras producirse el impacto astrofísicos responsables
del grupo de seguimiento e investigación, la
relevancia de este acontecimiento, que no sólo se basa en el hecho de que se
trate de un proyecto sin precedentes en la conquista del espacio, sino en la
participación existente en el mismo a nivel internacional, en la que se han
visto implicados casi todos los telescopios del mundo, en coordinación con el
grupo científico de la misión.
Cada equipo ha jugado un papel trascendente a la hora de alcanzar el objetivo
final, conocer más sobre el proceso de formación del sistema solar y de los
planetas, a través de los materiales y datos que serán analizados a partir de
este momento. En un segundo plano, no menos importante, se haya la necesidad que
la humanidad tiene de prepararse para una posible futura amenaza provocada por
un astro que coincida en trayectoria con la Tierra, lo que supondría un evento
de magnitud catastrófica.
Para los científicos, este
experimento "marcará un antes y un después en los estudios de nuestro sistema
solar; no en vano, por primera vez seremos capaces de conocer lo que guarda el
interior de un astro de estas características, de grandes dimensiones".
Precisamente, "el experimento en el que participamos
es de los pocos que se pueden realizar en el mundo de la astronomía, ya que, más
bien, nos limitamos a observar lo que ocurre y a sacar conclusiones científicas.
Ahora, las variaciones que se producirán en el cometa nos permitirán conocerlo
en profundidad, analizar el tipo de emisiones y el estado del cráter creado por
el impacto del proyectil". El gran caudal de datos supondrá que se den todo tipo
de conclusiones científicas durante los próximos años.
Desde la creación del sistema solar
El estudio del hielo y el polvo liberado desde el interior del cometa Tempel
1, tras el impacto del proyectil de 370 kilogramos lanzado desde la nave "Deep
Impact", es la clave de la misión. Estos gases y materiales han permanecido
inalterados desde la creación del cometa en los primeros momentos de la
formación de los planetas, una de las características que permitirán entender
mejor la formación del sistema solar. Antes de estrellarse, el proyectil envió
una foto impactante del cometa, un astro irregular que parece una pera o una
papa, y presenta una superficie de apariencia blanca sobre la cual se destacan
varios cráteres, crestas y supuestos glaciares. El Tempel 1 fue descubierto en
1867, orbita entre Marte y Júpiter y tiene entre 5 y 6 kilómetros de diámetro.
El cráter creado por el proyectil, se preveía del tamaño de un campo de fútbol, en el
centro del astro, descartándose el estallido o desviación del cometa.
Información adicional en:
Imagen del cometa Tempel a las 23 horas (tiempo local en España) del día 4 de Julio, horas después del impacto.
Realizada en Enix (Almería), por Thorsten Denk, Antonio Santiago, Paco Martínez y Alejandro de la Paz
(miembros de la Asociación Orión) a través del
telescopio reflector de 200 mm. a foco primario con cámara Nikon
D-70, costó bastante trabajo localizarlo por la debilidad del objeto.
También observamos la galaxia M51 con la supernova que hay
actualmente y la nebulosa M8, todas ellas se hicieron en la misma noche.
|