Los primeros 'sapiens' europeos llegaron a las frías tierras rusas hace unos
45.000 años. Fue en la región de Kostenski, a las orillas del río Don -a unos
350 kilómetros al sur de Moscú- donde estos humanos ya modernos, capaces de
fabricar herramientas complejas, se asentaron tras un viaje de miles de años
desde África, según revelan sendos estudios de paleoantropólogos rusos y
estadounidenses publicados en la revista 'Science'.
Para sostener su teoría, los científicos han datado con gran exactitud
herramientas encontradas en estos yacimientos, que se extienden por más de 30
kilómetros a la orilla del río. Allí se excava sin cesar desde la década de los
50, y aunque la cantidad de restos humanos encontrados es muy escasa
-principalmente, dientes sueltos- los paeontólogos sí han hallado multitud de
restos que permiten denominar a estos humanos como "modernos", capaces de hacer
tareas relativamente complejas, como coser pieles de animales para
protegerse del frío.
Los seres humanos modernos aparecieron en África, al sur del Sáhara, hace
200.000 años, pero no fue hasta casi 100.000 años después cuando comenzó su
dispersión hacia el continente euroasiático. "Lo que no esperábamos era que esos
hombres procedentes de lo que posiblemente eran zonas tropicales de África
se hayan establecido en uno de los lugares más fríos y áridos de
Europa", señaló John Hoffecker, de la Universidad de Boulder en
Colorado y uno de los responsables del estudio.
Y es que las pruebas realizadas a los fósiles encontrados en el río Don son
concluyentes: se puede confirmar la presencia de humanos modernos en esa zona
hace entre 42.000 y 45.000 años.
La hipótesis más plausible es que hasta estas frías tierras rusas no llegaran los
neandertales que colonizaban en esa época el sur de Europa "porque estos
'sapiens' venidos de África eran mucho más desarrollados".
Tanto, como que entre sus utensilios se han encontrado agujas utilizadas para
coser pieles con las que protegerse del frío, o primitivas
trampas con las que podían cazar conejos árticos o pequeños zorros, que
formaban parte de su dieta habitual.
Durante la excavación, de la que formaban parte también los científicos rusos
Mijail Anikovich y Andrey Sinitsyn, de la Academia Rusa de Ciencias, encontraron
piedras, huesos y herramientas, así como ornamentos hechos con conchas de
moluscos y una pieza tallada en marfil de un mamut que parece
ser una figura humana y que representaría la primera muestra de arte figurativo
del mundo.
Otra prueba de su inteligencia y destreza es que, según el estudio, buena
parte de las piedras utilizadas para crear los utensilios habían sido traídas
desde lugares a entre 90 y 150 kilómetros de distancia. De más
lejos venían las conchas perforadas utilizadas como ornamento, que provienen del
Mar Negro, a casi 500 kilómetros de la zona.
"Aunque los restos humanos recogidos en los primeros niveles de la excavación
se limitan a algunos dientes, que son difíciles de asignar a algún tipo humano
específico, estos artefactos son, sin lugar a duda, el trabajo de seres humanos
modernos", señaló Hoffecker.
Las herramientas fueron encontradas enterradas bajo una densa capa de
ceniza volcánica. "El hecho de estar bajo esta capa de sedimentos volcánicos ha
permitido que sea mucho más fácil su datación, puesto que permite no sólo
utilizar técnicas como el Carbono 14, sino otras mucho más fiables en restos de
esta antigüedad".
De hecho, los paleontólogos utilizaron el método de "luminiscencia
óptica estimulada" para determinar el tiempo que los materiales
estuvieron expuestos a la luz del día, así como el "fechado paleomagnético", que
se basa en los cambios conocidos en la orientación e intensidad del campo
magnético terrestre.