Podemos suponer que nuestra especie, Homo sapiens, se originó en algún lugar de África hace
alrededor de 150.000 años. Especies más arcaicas parecen haber continuado
durante un tiempo. La especie se expandió relativamente lento, llegando a
Australia hace 40.000 años. En Europa, la especie parece haber entrado más
lentamente, entre 40.000 y 35.000 años, por España y por el este.
Las herramientas de nuestra especie se asocian en cuatro periodos. El primero de
ellos es el Auriñaciense, que apareció hace 40.000 años y persistió hasta hace
28.000, está marcado por una explosión de creatividad. Aparecen el arte, la decoración de objetos, la
decoración personal, la música (en forma de instrumentos).
Este periodo es seguido por el Gravetiano, entre los 28.000 y los 22.000
o 18.000 años. Es aquí cuando aparecen las agujas de coser, aparte de cuchillos
más pequeños y afilados.
Seguidamente aparece el Solutreano, entre los
22.000 y los 18.000 años. Este periodo se caracteriza por los cuchillos "hoja de
laurel", llamados así por su forma. Algunos de estos cuchillos son tan delgados
y delicados que no es posible imaginar que hayan tenido un uso práctico.
Finalmente, llegamos al Magdaleniano, el que se extiende de los 18.000 a
10.000 años atrás. Con este periodo termina el paleolítico superior. Encontramos
un trabajo sofisticado del hueso y las astas, junto con abundantes "microlitos",
pequeñas herramientas de piedra que eran seguramente puestas en mangos.
Encontramos también enterramientos, siendo mucho más complejos que los de los
neandertales.
La superexplosión del Toba casi supuso la extinción de nuestra especie
El Toba fue un
supervolcán que se encontraba en Sumatra y hace 74.000 años su caldera explotó
de la forma más violenta que ha existido. Esta caldera tenía aproximadamente la
superficie que tiene ahora el lago que dejó en su lugar, unos 100 km de largo y
60 km ancho.
Esto supuso un cambio climático en la Tierra durante muchos años. La radiación
solar no podía llegar a la superficie porque la estratosfera estaba totalmente
colapsada. La luz no penetraba para alimentar a las plantas y los animales
(entre ellos nosotros) no podían alimentarse de ellas ni de otros animales
porque escaseaban. Los veranos se hicieron más frescos, la nieve no se derretía
y se acumulaba para el invierno siguiente.
Para
remontarnos en nuestra historia evolutiva no hay nada como el ADN mitocondrial,
es decir, aquel que vive alojado en las mitocondrias de las células y no en el
núcleo. Este ADN mt se transmite únicamente por vía materna y, por su
peculiaridades, es el único que nos habla de las mutaciones y cambios habidos en
nuestra especie, es decir: si ha habido un aumento de la población y cuándo, si
ha habido un descenso, si una población se ha mezclado con otra, etc.
Dos genetistas, Lynn Jorde y Henry Harpendin, averiguaron
que en la historia de la humanidad hubo un momento en el que la población
descendió de forma alarmante. Sólo sobrevivieron unos pocos miles, pero no
sabían por qué. Fue un antropólogo, Stanley Ambrose, quien relacionó la
explosión del Toba con la casi extinción de nuestra
especie.
Cuando aparece el hombre es cuando encontramos por primera vez indicios de
actividad artística, como en las famosas cuevas
de Lascaux y Altamira, hechas por el hombre de Cro-Magnon, primer ejemplo de
Homo Sapiens europeo.También podemos considerar el arte rupestre que practican
los aborígenes en Australia. Las asociaciones entre distintos grupos de animales, y entre un conjunto
aparentemente regularizado de símbolos abstractos indican un enorme complejo de
creencias, historias y mitos.
El arte en la edad del hielo se dio en sitios de Francia y España
particularmente favorecidos por la naturaleza. La estepa abierta y la tundra
soportaban grandes grupos de herbívoros grandes y medianos, que no deben haber
sido problema para cazar. En los sitios en que se desarrolló el arte
paleolítico, la supervivencia no debe haber sido un gran problema.
Los problemas empezaron probablemente al terminar la edad de hielo. Con el
progresivo calentamiento del clima, los grupos de mamíferos empezaron a moverse
hacia el norte, y la estepa comenzó a transformarse en bosque. Los magdalenianos
descubrieron entonces que era mucho más difícil cazar entre los bosques que en
las pradera abiertas, y hace 10.000 años su rico estilo de vida, materialmente
hablando, empezó a transformarse en manifestaciones culturales más simples, que
reciben el nombre de Epipaleolítico. Irónicamente, estos mismos cambios
climáticos contribuyeron a desarrollar las innovaciones que, hacia el sur y el
este, dieron lugar a una de las revoluciones fundamentales en la historia
humana: la agricultura.
Los recientes estudios del ADN mitocondrial postulan que los humanos modernos
vivieron en África antes que en otros continentes. Hay que recordar que este
material genético se transmite a través de las mujeres. Sólo si hay continuidad
femenina se puede retroceder en el tiempo hasta llegar a una hipotética primera
mujer (madre). A esta primera madre se le ha llamado Eva, y su antigüedad
oscila entre los 150.000 y 200.000 años.
Desde África los sapiens sapiens habrían avanzado hacia el Cercano Oriente
(Palestina), donde hay yacimientos antiguos de alrededor de 100.000 años. A
Europa estos hombres modernos habrían entrado hacia los 40.000 años; a
Australia, entre los 40.000 y 50.000 años, y a América, un poco más tarde. El
sapiens sapiens es el antepasado más directo de la actual Humanidad. Por lo
tanto, posee una desarrollada cultura, que con el correr del tiempo se hizo cada
vez más compleja. Tiene una anatomía igual a la nuestra y una gran capacidad
cerebral (1350 cm3). Fue la especie que invadió todos los continentes y la que
organizó su vida en variadas estructuras sociales y políticas.