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Pierolapithecus Catalaunicus


Imagen Pierolapithecus Catalaunicus
Salvador Moyà-Solà, uno de los paleontólogos, muestra el cráneo del simio. (Foto: AP)

El "eslabón perdido", el último antepasado común entre el mono y el hombre, ha sido encontrado en Cataluña. El pequeño casi hombre o casi mono catalán, un macho, ha sido bautizado con el nombre de 'Pierolapithecus catalaunicus'.

AMÉRICA VALENZUELA (elmundo.es)

El español Salvador Moyà-Solà, del Instituto de Paleontología Miguel Crusafont, y su equipo encontraron un colmillo de forma inesperada. Una máquina excavadora estaba despejando el terreno para trabajar con mayor facilidad cuando el canino apareció entre la tierra removida. "Los buenos fósiles te encuentran a ti", exclamó el investigador al ver el canino.

'Tiraron del hilo' y con paciencia e ilusión desenterraron 83 huesos en perfecto estado de conservación. Los restos llevaban escondidos alrededor de 13 millones de años muy cerca de Barcelona. Concretamente en Els Hostalets de Pierola, por eso el nuevo simio se llama 'Pierolapithecus'. Los resultados del estudio de los fósiles se acaban de hacer públicos en la revista científica 'Science'.

Por la forma de sus dientes, el simio catalán se alimentaba de frutas que recogía de los árboles a los que trepaba. Porque el 'Pierolapithecus catalaunicus' era un excelente escalador; así lo confirman sus flexibles muñecas rotatorias y la rigidez de la parte inferior de su columna vertebral, que permite una mayor flexibilidad y extensión de esta zona del cuerpo. El físico del 'Pierolapithecus catalaunicus' ha sido toda una sorpresa para los antropólogos, ya que es una mezcla indefinida de humano y mono.

Pierolapithecus Catalaunicus

Los omóplatos del nuevo simio se extienden a lo largo de la espalda, como en los seres humanos. En los monos, en cambio, estos huesos están situados a los lados de la caja torácica, como en los perros, por ejemplo.

El cráneo de nuestro antepasado catalán también era más parecido al de los humanos que al de los monos. La cara era corta, pero a pesar de ello, la estructura de la parte superior de la nariz se encuentra en el mismo plano que los ojos. En contraste, los monos tienen el caballete entre los ojos e interfiere en el campo de visión.

Por otra parte, su cara vista de perfil estaba en pendiente y los dedos de sus pies y manos eran cortos, ambos rasgos característicos de los monos. Es por ello que el 'Pierolapithecus catalaunicus' se podía colgar de los árboles, pero no con demasiada facilidad.

Moyà-Solà sospecha que este batiburrillo de características anatómicas indica que "varios rasgos surgieron por separado, y quizá más de una vez, en la evolución de los simios". Los rasgos típicos de homínido iban y venían, eran comunes en diferentes simios hasta que la selección natural empezó a descartar diseños poco útiles y se fue conformando poco a poco, a lo largo de millones de años lo que hoy es el hombre moderno, por una parte, y los monos, por otra.

La aparición de este nuevo simio da un giro a las teorías sobre los antepasados del hombre. El periodo de tiempo donde se cree que el hombre y el mono separaron su línea evolutiva fue el Mioceno Medio -de hace 12,5 a 13 millones de años- que es cuando vivó el 'Pierolapithecus catalaunicus'. De esta etapa del Periodo Terciario no existen casi pruebas fósiles por lo que este descubrimiento ha sido toda una alegría para los científicos que tratan de arrojar luz sobre la identidad de nuestros lejanos parientes.

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Una nueva especie de simio

LUIS ALFONSO GÁMEZ (elcorreodigital)
EN FAMILIA. Reconstrucción del antiguo mono antropoide. / MEIKE KOHLER
Una nueva especie de simio desenterrada en Cataluña se ha presentado en la revista 'Science' como un antepasado común del orangután, el gorila, el chimpancé y el hombre. 'Pierolapithecus catalaunicus' vivió hace 13 millones de años en un ecosistema selvático subtropical y tiene un tórax ancho y aplanado, los omoplatos en la espalda y no en los costados -como los monos, los perros y otros animales-, la parte final de la columna vertebral corta y rígida, y una cara corta, entre otras características exclusivas de los grandes simios, incluido el ser humano. Su nombre hace referencia a la localidad barcelonesa cerca de la cual se encontraron los restos, Els Hostalets de Pierola, y a Cataluña.

«Este hallazgo permite anclar en el tiempo y documentar un momento fundamental en la evolución de los grandes antropomorfos», ha explicado a este periódico Salvador Moyà-Solà, director del equipo del Instituto de Paleontología Miguel Crusafont, de Barcelona, que descubrió el fósil. Se sabe desde hace tiempo, por las diferencias entre los genomas de los grandes simios y los gibones -o simios menores-, que los primeros tomaron un camino separado en la evolución hace entre 11 y 16 millones de años. Sin embargo, hasta ahora no se habían encontrado fósiles de esa época con rasgos característicos de los grandes antropomorfos. «Son más primitivos».

Trepar, pero no colgarse

'Pierolapithecus', o un pariente muy cercano, podría ser el último antepasado común del orangután, el gorila, el chimpancé y el hombre, adelantan los investigadores en el artículo de 'Science'. El simio, del que se han hallado 83 huesos o fragmentos -incluida la cara-, tiene «un nuevo tipo de esqueleto» que le facilitaría erguirse, trepar a los árboles y moverse por ellos de un modo distinto al resto de los primates de entonces. «Es el primer paso que conduce a la aparición de la bipedestación en el ser humano», indica Moyà-Solà. El ejemplar recuperado en la provincia de Barcelona es posiblemente un macho, mediría 1,20 metros de alto y pesaría unos 35 kilos. Y vivía en la selva subtropical, ecosistema que en el Mioceno Medio se daba en la costa levantina -no en el interior de la Península Ibérica- y que en la actualidad existe en Sumatra (Asia), uno de los últimos refugios de los orangutanes.

Tenía, según los paleontólogos españoles, el tórax ancho y aplanado, característica que distingue a los grandes simios vivos de animales como el mono, el perro, el gato y el caballo, que lo tienen de la forma idónea para moverse a cuatro patas. «Es la parte anatómica más importante de este fósil, porque es la primera vez que se ha encontrado un tórax similar al de los simios antropomorfos en la historia de los fósiles», explica Moyà-Solà. Sus omoplatos están en la espalda y no a los lados del cuerpo -como en las especies citadas-, el caballete de la nariz no interfiere con el plano de la visión -como en los monos- y sólo uno de los huesos del antebrazo, el radio, se une flexiblemente con la muñeca. «Esto le da una mayor capacidad de rotación y movilidad a la mano, algo muy importante para la vida arborícola».

El descubrimiento pone en duda la aparición simultánea en la evolución de las capacidades de trepar a los árboles y de colgarse de ellos. El ser humano ha perdido esta última habilidad y, según el equipo liderado por Moyà-Solà, también 'Pierolapithecus' carecía de ella.

«Sus manos son cortas, no como las del orangután y el chimpancé, cuyos dedos son largos. Eso les permite suspenderse de las ramas. Los rasgos relacionados con la habilidad de colgarse pueden haber evolucionado varias veces y aparecer posteriormente en los grandes simios».

La dieta de nuestro nuevo antepasado sería principalmente frugívora, aunque -al igual que los chimpancés- no haría ascos a la carne si se presentaba la oportunidad. Su hábitat, una selva densa y húmeda parecida a las de Sumatra y Borneo, sujeta a un clima sin estaciones, pero con una época de lluvias. «La fauna -de la que hemos encontrado muchos restos- sería variadísima: habría elefantes y rinocerontes primitivos, pequeños ciervos, tortugas que cabrían en una mano y otras de hasta medio metro de altura...».

Origen africano

A pesar de haberse encontrado únicamente en la costa mediterránea, Moyà-Solà cree que tiene que haber restos de esta especie en el continente negro. «África es la fábrica de los primates. En el registro de fósiles del Mioceno Inferior y Medio en África, hemos encontrado una diversidad fabulosa de hominoides primitivos con constituciones corporales similares a la del mono. En Eurasia, los simios aparecieron repentinamente en el Mioceno Medio. Antes, los primates eran casi desconocidos. Por esta razón, el área de origen es, en mi opinión, África», dice el paleontólogo catalán.

Los expertos que han visto los restos de la nueva especie no han ahorrado elogios. «Es un hallazgo maravilloso; un sueño hecho realidad», ha dicho Steven Ward, de la Universidad del Noroeste de Ohio. «No podemos decir todavía lo que significa, pero el esqueleto es estupendo», admite David Pilbeam, de la Universidad de Harvard y uno de los paleontólogos que dudan de que el simio se sitúe en nuestra evolución donde los investigadores españoles sostienen. Las dudas, seguramente, se esclarecerán cuando aparezcan nuevos fósiles.

Los huesos de 'Pierolapithecus catalaunicus' quedarán depositados en el Instituto de Paleontología Miguel Crusafont, dependiente de la Diputación de Barcelona, y con sede en Sabadell.

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