Los restos fósiles del Garhi fueron descubiertos entre 1996
y 1998. Un equipo de 40 científicos, dirigidos por Tim White, de la Universidad
de Berkeley, en California, y el etíope Berhane Asfaw los descubrieron en la
región del Medio Awash, en Etiopía.
Aunque es una zona hoy desértica, hace dos millones de años y medio poseía más
vegetación, un lago y numerosos animales, entre los que se encontraban los
homínidos. Los restos fósiles dejados por estos seres vivos son los encontrados
por este equipo.
Para los investigadores, entre las particularidades más
interesantes de estos fósiles de homínido se encuentran la unión de caracteres
simiescos, como son los brazos cortos, con otros más cercanos a los de los
humanos, como son los miembros inferiores largos; además, los rasgos de sus
dentaduras se acercan más a los del hombre que a los del mono; y, por último,
aquellos lejanos homínidos parecen ser también los primeros seres vivos que
utilizaron instrumentos de piedra para romper los huesos, descarnar y trocear
los animales que cazaban y de los que se alimentaban.
Los paleontólogos llegaron
a la conclusión de que se podía hablar del descubrimiento de una especie
desconocida, y la bautizaron con el nombre de Australopithecus Garhi. "Garhi" es
una palabra etiópe que significa "sorpresa", con ella quisieron tanto aludir a
la sorpresa que el descubrimiento les causó, como a que este se produjo en
Etiopía.
Junto a los restos del homínido Australopithecus garhi se han
encontrado igualmente fósiles de animales en los que aparecen huellas de haber
sido descarnados con instrumentos de piedra y sus huesos fracturados con el
mismo sistema, para absorber una sustancia de tanto valor nutritivo y tan
apreciada como el tuétano. De cualquier modo no se puede asegurar que fueron los
Australopithecus Garhi quienes mataron a los animales, aunque parece lo más
probable, dado que los restos fósiles de unos y otros se encuentran en la misma
zona.
El descubrimiento, en Etiopía, de
unos restos fósiles cuya antigüedad se mide en dos millones y medio de años,
parece ayudar a completar, en gran medida, la historia de los antecedentes más
cercanos del hombre.
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