Una especie humana que apenas medía un metro
convivió con nuestros antepasados
Con el cráneo del tamaño de un pomelo,
evolucionó en la isla indonesia de Flores y se extinguió hace sólo 18.000 años,
después que los neandertales.
LUIS ALFONSO GÁMEZ (Ideal Digital)
Cuando los neandertales se extinguieron hace
28.000 años, los 'Homo sapiens' no nos quedamos solos. Compartimos el planeta
durante 10.000 años más con otra Humanidad que vivió en la isla de Flores, en
Indonesia. Eran hombres de un metro de altura -la estatura de un 'hobbit' de
J.R.R. Tolkien- que habían encogido a partir de una población de 'Homo erectus'.
Su capacidad craneal era de sólo 380 centímetros cúbicos, menos que un chimpancé
y equiparable a la de Toumaï, que vivió hace más de 6 millones de años en África
y es el más antiguo de los homínidos. Sin embargo, tenían útiles de piedra y,
muy posiblemente, cazaban en grupo. «¿Es un descubrimiento único, excepcional!»,
indicaba Eudald Carbonell, arqueólogo y codirector de las excavaciones de
Atapuerca, Burgos.
Los primeros restos de 'Homo floresiensis' -como ha
sido bautizada la nueva especie- fueron desenterrados en septiembre del año
pasado en la cueva de Liang Bua, en Flores: consistían en un cráneo, un fémur,
una tibia, costillas, parte de una pelvis... Un equipo dirigido por Peter Brown
y Mike Morwood, de la Universidad de Nueva Inglaterra (Australia), ha sacado a
la luz desde entonces huesos correspondientes a cinco o seis individuos, así
como herramientas de piedra y restos óseos de animales. La situación de las
piezas en el yacimiento deja abierta la posibilidad de que la industria lítica
más compleja sea obra no del nuevo homínido pigmeo, sino de miembros de nuestra
especie, que llegó a Australia hace unos 45.000 años; pero eso no resta
trascendencia al hallazgo.
«Un bombazo»
«¿Es un bombazo! ¿Es
increíble, fantástico, una maravilla! ¿Estoy alucinado!», admitía el
paleoantropólogo José María Bermúdez de Castro, del Museo Nacional de Ciencias
Naturales y codirector del proyecto Atapuerca. «La existencia de estos homínidos
supera la ciencia ficción», aseguraba Carbonell. «Parece ciencia ficción, pero
no lo es», coincidía Bermúdez de Castro. En 'Nature', revista que ha publicado el
hallazgo y lleva al nuevo homínido a su portada, Marta Mirazón y Robert Foley,
de la Universidad de Cambridge, afirman que «estos fósiles son uno de los
descubrimientos más excepcionales de la paleoantropología en medio
siglo».
'H. floresiensis' se sitúa en la historia de la evolución humana
en un momento en el que se creía que ya éramos los únicos homínidos en la
Tierra. La datación de los restos de Liang Bua demuestra que otra Humanidad
sobrevivió hasta hace unos 18.000 años, como poco, y los investigadores estiman
que puede que ya existiera en Flores hace 78.000 años. Eso quiere decir que hace
50.000 años había en nuestro planeta, al menos, tres especies de humanos y que
la desaparición de los neandertales en Europa, hace unos 28.000 años, no marcó
el principio de nuestra soledad. «Ahora estamos solos; pero durante mucho tiempo
estuvimos acompañados», puntualiza Carbonell.
El linaje de los homínidos
se separó del del chimpancé en África hace unos 7 millones de años. Los primeros
eran parecidos a chimpancés bípedos. Nuestra especie, 'Homo sapiens', apareció
en Etiopía hace unos 160.000 años, de padres africanos; los neandertales
evolucionaron en Europa hace más de 150.000 años a partir de poblaciones
africanas que habían emigrado hace más de un millón de años. A estas dos
humanidades hay que sumar ahora la de 'H. floresiensis', una variación insular y
de reducido tamaño de 'Homo erectus' o de una especie emparentada con
éste.
Orígenes
«Es la primera noticia en más
de un siglo de una nueva especie que ha convivido con nosotros», ha recordado
Bert Robert, de la universidad australiana de Wollongong. Los primeros restos de
un neandertal fueron descubiertos en 1856. Morwood dijo ayer, respecto al nuevo
homínido, que «algunos de los hallazgos de Dmanisi (Georgia), de una antigüedad
de 1,8 millones de años, son los que más se le aproximan». Bermúdez de Castro
comparte esa opinión.
El experto del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC) cree que homínidos como los de Dmanisi -que tienen una
capacidad craneal de entre 600 y 700 centímetros cúbicos y mantienen rasgos de
'H. erectus'- pudieron llegar hasta Oriente asiático, «meterse en Indonesia y
quedarse aislados». En Flores, se han descubierto herramientas líticas de
840.000 años de antigüedad. Lo que no se sabe es si nuestros antepasados y este
pariente lejano se vieron las caras, ya que las primeras pruebas de la presencia
de nuestra especie en Flores datan de hace 11.000 años.
A la sorpresa del
hallazgo de un nuevo humano hay que unir lo reducido de su estatura y de su
cerebro, el más pequeño de todos los homínidos. «Aunque es habitual que los
grandes mamíferos reduzcan su tamaño en entornos insulares, nunca antes se había
visto esto en un pariente humano», destaca Brown. La ausencia de depredadores se
considera una de las causas del enanismo en condiciones de aislamiento insular,
que en Flores posibilitó la existencia de elefantes enanos (Stegodon), al igual
que se han encontrado osamentas de mamuts enanos en islas del Mediterráneo.
Útiles y
aptitudes
Los investigadores han hallado útiles de piedra en dos
zonas del yacimiento: unos pocos asociados al esqueleto parcial descubierto hace
un año y otros, muchos, en una zona de la cueva donde hay restos de elefantes
enanos víctimas de cazadores prehistóricos. Estas últimas herramientas son las
más complejas. Carbonell cree que pueden estar asociadas a 'H. sapiens' y no al
nuevo homínido. Coincide con los descubridores, eso sí, en que 'H. floresienses'
pudo conservar las habilidades de sus antepasados en el proceso de
'enanización', «porque ya había adquirido las conexiones neuronales y las
conductas».
El descubrimiento del equipo liderado por Brown y Morwood
abre una apasionante vía a la paleoantropología del siglo XXI: si en un medio
ambiente insular aislado sobrevivió un homínido hasta hace tan poco tiempo, pudo
ocurrir lo mismo en muchas otras islas que aún no han sido exploradas por los
paleoantropólogos.
EL EXTRAÑO CASO DE LA ISLA DE FLORES abc.es
Por JUAN LUIS ARSUAGA Catedrático de
Paleontología de la UCM y co-director del proyecto Atapuerca
HASTA el día de ayer pensaba que para gastarle una inocentada a un colega
paleoantropólogo le daría la noticia de que ha aparecido un australopiteco con
tres millones de años de antigüedad en un lugar de La Mancha, cuyo nombre a
partir de ese momento sería recordado en todo el mundo. Lo que se cuenta hoy en
la revista científica Nature, la clásica entre las clásicas, es mucho más
increíble, y sin embargo tenemos que aceptar que es verdad. Al menos de
momento.
El australopiteco manchego no está previsto porque pensamos, por
ahora, que estos homínidos primitivos sólo vivieron en África. Los
australopitecos eran ya bípedos, pero tenían la talla de un chimpancé puesto de
pie, o poco más, y el tamaño de su cerebro tampoco era mucho mayor.
El
hallazgo que ha publicado Nature es desconcertante porque se trata de un homínido de
un metro de estatura, con un cerebro como el de un chimpancé... ¡que ha
aparecido en la isla de Flores (Indonesia) y que tiene 18.000 años! Para este
fósil se ha creado, no podía ser de otro modo, un nuevo nombre de especie: Homo
floresiensis.
Flores está muy lejos de África y además, por lo que
sabemos, nunca se pudo llegar hasta ella andando desde el continente, ni
siquiera durante una glaciación, cuando el nivel del mar descendía cien metros o
más y emergían las plataformas continentales. La isla de Java sí estaba en esos
periodos conectada al continente asiático, o mejor, era parte del continente,
pero Flores no. Así que los homínidos tuvieron que cruzar el mar. Además, la
cueva de Liang Bua en la que ha aparecido el esqueleto también ha proporcionado
utensilios de piedra de un tipo tan avanzado que en circunstancias normales
nadie habría dudado en atribuirlos al Homo sapiens, nuestra propia especie. O
sea, que tenemos un homínido muy pequeño, con un cerebro diminuto (de 380 cm3,
el más pequeño de todos los homínidos), navegante y tecnológicamente muy
avanzado.
No, mi colega jamás habría picado con esa inocentada.
Es
imposible evitar la sospecha de un fraude, ya que en paleontología la sombra de
Piltdown es muy alargada. El hombre de Piltdown, que mantuvo durante décadas
desorientada a la comunidad científica, era una mixtificación fabricada con un
cráneo humano moderno y una mandíbula de orangután manipulada. El fraude se
terminó descubriendo cuando se analizaron químicamente los huesos y se vio que
no estaban tan fosilizados como los animales que aparecían en el yacimiento. En
el caso del fósil de Flores, no hace falta hacer la prueba porque los huesos no
están fosilizados, ya que sólo tienen unos pocos miles de años. Por otro lado,
el trabajo ha superado todos los controles y filtros que impone una revista tan
importante, que se juega su prestigio en cada número. Y en este caso, dada la
excepcionalidad del hallazgo, y con el precedente de Piltdown (inglés como la
propia revista Nature) se supone que las cautelas habrán sido todavía más
rigurosas. Y además no debemos dudar de la honorabilidad de los autores. La
posibilidad de que se trate de un caso patológico también parece
descartable.
Cuando me informaron de un hallazgo sensacional, por lo
reciente, de un homínido arcaico en Flores, me hice mi propia composición de
lugar. Supuse que se trataba de los últimos Homo erectus, que se las habrían
arreglado para llegar a la isla, bien en una navegación planificada o montados
por algún raro accidente en una balsa natural de troncos.
El Homo erectus
vivió en Java desde hace bastante más de un millón de años, quizás desde hace
1.800.000 años. Pero esta especie era de nuestra estatura, aunque mucho más
ancha y fuerte de cuerpo, y su cerebro doblaba, por lo menos, el del chimpancé
con más cabeza. Los fósiles más modernos de Homo erectus en Java son los de un
yacimiento llamado Ngandong, y tienen los cerebros mayores de su especie, con
pesos que están en el rango inferior de la nuestra. De hecho parece que la
población de Homo erectus de Java fue encefalizándose con el tiempo. Estos
fósiles de Ngandong presentan algunos problemas de datación, pero parece seguro
que cuentan menos de 120.000 años. Podrían incluso no ser más antiguos de 30.000
o 40.000 años; esas son, más o menos, las fechas en las que nuestra especie, que
apareció en África hace unos 160.000 años, llegó navegando hasta Australia, por
un lado, y a la Península Ibérica, andando, por el otro. La extinción de los
neandertales en Europa y la de los últimos Homo erectus en Java podría estar,
precisamente, relacionada con la aparición del Homo sapiens en sus
territorios.
Pero el fósil de Liang Bua que ha publicado Nature no tiene
ningún parecido con los de Ngandong, aunque tal vez sea su descendiente. ¿Cómo?
El Homo erectus habría podido navegar hasta Flores y allí evolucionar en
completo aislamiento, haciéndose enano y reduciendo el tamaño de su cerebro,
aunque no sus capacidades, a juzgar por el utillaje que se ha encontrado en
Liang Bua. De hecho, habrían avanzado tecnológicamente, porque al Homo erectus
sólo se le conocen en Asia herramientas muy toscas. Una forma de resolver esta
contradicción de un menor cerebro con, sin embargo, mejores prestaciones sería
la de suponer que los utensilios no los talló el Homo floresiensis, sino el Homo
sapiens, que ya habría llegado a la isla.
Entre los homínidos no se
conocían casos de enanismo insular, pero en otros grupos de mamíferos no es tan
raro. Ha habido elefantes enanos en algunas islas del Mediterráneo, y en la
propia isla de Flores también se dio ese caso con el Stegodon, un proboscídeo
que el Homo floresiensis habría podido cazar según los investigadores de Liang
Bua. Estos procesos de reducción de tamaño pueden ser muy rápidos, aunque de
todos modos no se sabe cuándo llegaron los antepasados del Homo floresiensis a
su isla.
Ser grande no es ni bueno ni malo, y todas las especies son
mayores que unas y menores que otras. Nosotros mismos pesamos menos que los
gorilas y más que los chimpancés. Una disminución de tamaño supone un ahorro de
calorías que es beneficioso si la especie se lo puede permitir. Es decir, si no
tiene que defenderse de depredadores mayores que ella, y ese podría ser el caso
de los homínidos de la isla de Flores, donde tan sólo el dragón de Komodo, a fin
de cuentas un reptil, podría intimidarles. El cerebro es un órgano muy costoso
para la economía del cuerpo y un ahorro por ahí podría estar bien, pero cuesta
trabajo creer que un homínido pueda desandar el camino de la encefalización. En
cualquier caso, esta es la hipótesis por la que se inclinan los autores del
artículo de Nature.
Juzgando por las fotos, descripciones y medidas
publicadas, y sé que no es prudente hacerlo sin haber visto el fósil, a mí, a lo
que más me recuerda es al Homo habilis, aunque con las muelas más pequeñas. Esta
es una especie que se originó en África hace más de dos millones de años, que ya
tallaba la piedra, que tenía un cerebro algo mayor que el de los australopitecos
y bastante más que el de los chimpancés, y que podría ser también de pequeña
talla, como los australopitecos, aunque no hay mucho material fósil disponible
para estimar su estatura. También se parece el cráneo de Liang Bua al más
pequeño de los cuatro de Homo georgicus que se han encontrado en Dmanisi
(Georgia) y que tienen 1.800.000 años. Puedo imaginar que un homínido de ese
tipo llegara hasta Java, aunque nunca se han encontrado sus fósiles allí, ni
tampoco en los yacimientos de China, y que finalmente arribara, no sé cómo pero
por mar, a Flores. Una vez allí tendría que haber sufrido una considerable
reducción del tamaño de su cerebro, pero menor que si el Homo floresiensis
descendiera del Homo erectus, y también de talla, aunque de nuevo menor que si
procediera evolutivamente de este último. En otras palabras, veo más probable,
porque comporta menos pasos evolutivos, la evolución Homo habilis -> Homo
floresiensis que Homo habilis -> Homo ergaster -> Homo erectus -> Homo
floresiensis.
Por cierto, aprovecho la ocasión para añadir que a mí me
parece una excelente noticia la reducción del tamaño del cerebro operada en el
Homo floresiensis, porque demostraría que no hay ninguna tendencia inexorable y
misteriosa hacia la expansión cerebral en la evolución humana, sino que el
cerebro, como cualquier otro órgano, puede modificarse en cualquier sentido
según lo impongan la selección natural y otros mecanismos que impulsan el cambio
evolutivo.
Y para terminar, ¿qué modifica este descubrimiento? (si se
confirma en todos sus extremos, mantengamos todavía un sano escepticismo). Desde
luego, muchas cosas; si no, no habría sido una sorpresa mayúscula. Pero no todo.
Ni siquiera lo fundamental, porque el Homo floresiensis no es un antepasado del
Homo sapiens, sino una rama, muy interesante pero lateral, del frondoso árbol de
la evolución humana.