800.000 años atrás en el tiempo, una especie común a los neandertales y a los
homo sapiens vivía en la Sierra de Atapuerca (Burgos). Homo antecessor salió a la luz en 1997.
Sus descubridores, J.M. Bermúdez de Castro,
J.L. Arsuaga, E. Carbonell, A. Rosas, I. Martínez y M. Mosquera, le
definieron como el pionero, el que antecede a los demás.
La mayoría de los restos humanos de TD6 (Gran Dolina) se encuentran en un estado de
conservación excelente, pero corresponden en general a fragmentos de tamaño
variable. Esta fragmentación, así como otros caracteres de los restos (marcas de
corte, golpes producidos por instrumentos líticos, tipos de fractura, etc), que
también se observan en los restos fósiles de los ungulados, representan
evidencias muy claras de un acto de canibalismo.
Prácticamente el 50% de los
fósiles humanos presentan cortes o fracturas producidos por instrumentos
líticos, y se encuentran indistintamente en los huesos craneales y en los del
esqueleto postcraneal, lo que indica un consumo total de los cadáveres. Además,
todos los individuos presentan algún estigma de canibalismo.
Las connotaciones en el árbol de los homínidos provocadas por este hallazgo han
sido muy importantes y, sin duda, ha sido uno de los grandes descubrimientos en
el campo de la paleontología. Esta especie demostró que en Europa ya vivían
seres humanos hace más de 800.000 años, mucho antes de lo que se pensaba.
Su morfología revolucionó la idea que se tenía hasta ese momento de la evolución
de nuestra especie. Su capacidad craneal era elevada (más de 1.000 cc) y poseía
una cara muy moderna, es decir, esta especie sufrió una reestructuración total
del neurocráneo, la mandíbula, los dientes y la cara, es totalmente diferente a
todo lo anterior.
Desgraciadamente, no se han encontrado aún fósiles en África de la misma
antigüedad que podrían hacer seguir la pista de esta especie, y los de Asia
contemporáneos a ella se refieren únicamente al Homo Erectus. Se podría
decir que es el eslabón que une al Homo ergaster y enlaza con formas más
cercanas a nosotros.
Si aceptamos que el origen de nuestra especie debe buscarse en Africa hace entre
100.000 y 200.000 años, debemos aceptar un origen africano para la especie H.
antecessor, muy probablemente a partir de poblaciones pertenecientes a la
especie H. ergaster. También debemos aceptar una continuidad evolutiva de
H. antecessor en Africa, que culminaría con la aparición de las
poblaciones humanas modernas.
A pesar de todos los estudios realizados, esta nueva especie está aún muy
cuestionada por paleontólogos y especialistas. Estas luchas dialécticas son muy comunes entre los
especialistas y hasta que no hay una evidencia abrumadora (y a veces ni eso) no
se ponen de acuerdo en las afirmaciones que realizan.