Nuevos estudios a gran escala de la riqueza genética humana ayudan a
reconstruir la historia de la especie, que se extendió desde África y pobló el
mundo hace 100.000 años
Los investigadores que estudian el descubrimiento afirmaron que los dientes y
huesos de ocho individuos revelan la existencia de vínculos entre los
homínidos que vivieron hace 3,5 millones de años y los primeros ancestros
humanos.
Científicos de la Universidad John Moores de Liverpool, en el centro de Gran
Bretaña, anunciaron un hallazgo que podría cambiar la teoría vigente acerca de
cuándo llegó el hombre a América. Los investigadores encontraron huellas humanas
de 40.000 años en las afueras de Puebla, una ciudad situada a poco más de 100
kilómetros del Distrito Federal mexicano.
Los europeos modernos descienden de cazadores y recolectores que llegaron al
centro del continente hace unos 40.500 años, según un estudio que publica
la revista Science. Los colonizadores que llevaron la agricultura a la región hace unos 7.500
años no contribuyeron de manera importante en la estructura genética de
los europeos actuales, indicaron antropólogos de Alemania, el Reino
Unido y Estonia que participaron en el estudio.
Un estudio del biólogo Dennis Bramble, de la
University of Utah, y del antropólogo Daniel Lieberman, de la Harvard
University, sugiere que los humanos evolucionaron abandonando a sus ancestros
simiescos porque necesitaban correr grandes distancias, quizá para cazar
animales o buscar carroña en la vasta sabana africana. Fue esta habilidad
de correr la que dio forma a nuestra anatomía, haciéndonos tal y como somos
ahora.
Desde una óptica evolutiva, todas las estructuras materiales existentes,
"vivas" o no, realizan operaciones de búsqueda, adquisición, procesamiento,
almacenaje y diseminación de información, existiendo una tendencia global hacia
el incremento de complejidad.
Se suele presentar esquemas de la evolución humana que muestran el paso de una
especie a otra. Empiezan por un ser peludo y de largos brazos, que camina
encorvado, y las figuras se van irguiendo hasta adoptar nuestra forma. En
realidad, esas representaciones son altamente hipotéticas, pues las certezas de
la ciencia sobre la filogenia de Homo sapiens (en contra de lo que
muchos puedan pensar) están plagadas de claro-oscuros.
Luego del final de la extinción
Cretácica, hace 65 millones de años, época en la cual los dinosaurios fueron
eliminados (eliminación repentina en la escala de tiempo geológico, hecho que
aún nos intriga, existiendo varias teorías respecto a sus causas) los
mamíferos, como uno de los grupos sobrevivientes, experimentaron una
explosiva radiación adaptativa durante el periodo terciario...
De acuerdo al relato de Darwin, el concepto de selección natural se le ocurrió
al leer al economista Malthus, quien en 1798 afirmó que gran parte del
sufrimiento humano era consecuencia ineludible del potencial de la población
humana de crecer más rápido que sus recursos y alimentos. Para Darwin fue
evidente que este concepto se aplicaba a todas las especies y dedujo que, cuando
los recursos son limitados, la producción de más individuos que los que el medio
puede sostener llevará a la lucha por la existencia. De esta lucha solo un
porcentaje sobrevivirá y originará nueva descendencia.
La idea (hecha pública por Lamarck) que las especies pueden cambiar a lo
largo del tiempo no fue inmediatamente aceptada por muchos: la falta de un
mecanismo creíble conspiraron contra la aceptación de la idea. Charles
Darwin y Alfred Wallace, ambos trabajando independientemente,
realizaron extensos viajes y, eventualmente, desarrollaron la misma teoría
acerca de como cambió la vida a lo largo de los tiempos como así también un
mecanismo para ese cambio: la selección natural.
La evolución gradual de las especies se puede explicar mediante la
aparición de pequeños cambios aleatorios (mutaciones) y su ulterior criba por la
selección natural; además, todos los fenómenos evolutivos, incluidos la
macroevolución y la especiación (proceso de aparición de nuevas especies)
admiten una explicación a partir de estos mismos mecanismos genéticos.
Los puntualistas (Stephen Jay Gould y Niles Eldredge) niegan que el registro fósil sea incompleto. Sostienen que la
aparición súbita de nuevas especies fósiles refleja que su formación se sigue a
través de explosiones evolutivas, después de los cuales la especie sufrirá pocos
cambios durante millones de años.
El comportamiento está regido por el egoísmo de los genes de cada organismo, y
no por el altruismo de cada individuo con respecto a los demás miembros de su
especie. Dawkins se encarga de demostrar esto a lo largo de todo el libro con
numerosos comportamientos particulares.